Un ser raro

Se levantó de una manera tan ágil, que terminó en cuclillas junto al gato que estaba durmiendo siesta arriba de la heladera,

fue tal su sigilo que el gato siguió soñando,

miró fijamente una partícula de polvo de miles que revoloteaban en el inmenso espacio del living donde pululaban, es decir, se dejaban ver gracias a la persiana vieja, insostenible, verde y resquebrajada que se encuentra ahí, cerrada.

Pensó, además, que la ventana junto con la persiana existen desde hace mucho, mucho más, que la puerta que da ingreso a esa parte del cuchitril inmenso.

Gracias a una vieja herida de la celosía

se filtraba un estrecho halo de luz

-parecía solar-

que exponía de manera hermosa,

el baile de las migajas atómicas

habitando el sitio, se expresaban

de

manera

particular,

respetando

patrones

caóticos

y suaves e irregulares,

cada vaivén, observó,

únicos.

Pero, a pesar que su vista y atención panorámicas observaban a todas con atento miramiento, sólo una cautivaba su pasión primitiva, la única que pudo reflejar el brillo de su única emoción formada por el rocío de su único ojo.

(Miles de años pasaron, del gato solo queda su espacio deshabitado, y siguiendo en cuclillas ahí, inamovible, jamás volvió a pestañear).

 

¡Qué tristeza!

¡Qué tristeza!

Cuando de pequeño veía la menta

y ahora de grande no es parte

de mi cosecha

Ay, qué pereza hundir mis dedos

en la tierra y

mudar una lombriz,

y nutrir una raíz

 

Qué tristeza da esperar

para hacer

mejor descanso que, en un rato,

llegará a mi quehacer

¡Qué pereza!

¡Pero cuánta tristeza!

 

Y, de pronto,

 recuerdo el sentimiento a fresco… 

 

 

 

 

 

Posted by:Felix Leonel Peralta

1994, Rosario. Poeta y Cronista. Cofundador de Camalote. En 2015 y 2016 creó y coordinó el ciclo Voces Subterráneas. Ha publicado poemas en diferentes revistas de la ciudad. Trabaja para no morir.

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