Los murciélagos lucen mejor cuando la noche es rara.

LUCA PRODAN

 

Esa noche llegué más temprano. Estaban ya, como de costumbre, los instrumentos sobre el escenario. Me daba la sensación de que nunca quedaba vacío, quitárselos supondría dejarlo al desnudo. Pedí una cerveza y me acerqué al vallado. Había gente aferrada al mismo, en especial mujeres, como temiendo perder sus lugares. Qué aguante, pensé. Mientras me fijaba en lo gastada que estaba una guitarra eléctrica, apareció el líder de la banda de soporte. ¡Era Luca! Supuse que nadie allí conocía su música, ni lo conocían a él, ya que fui el único que se volteó a mirarlo. Le chisté y me miró enseguida: tenía los ojos desorbitados y un gorro sobre la pelada. Le pregunté cómo estaba y le dije que el año pasado lo había visto en un bar de mala sangre. Se rió y me dijo, con su acento medio inglés medio tano, de mala sangre no, mañana volvemos a tocar ahí, andá, no seas boludo. Me extendió la mano en forma de puño cerrado y luego la abrió sobre la mía: cayó una púa. Me fui hacia atrás, pedí más cerveza y al poco tiempo empezó a tocar Luca y sus compañeros. Eran deslumbrantes y el público parecía no darse cuenta de que estaban allí. Algunos, incluso, miraban hacia el otro lado, dándole la espalda al escenario, mientras charlaban.

Al otro día me desperté dolorido mental y físicamente, un súbito impulso de acidez y vorágine me arrastró hasta el baño y largué toda la porquería de la noche anterior. Puse la pava para el mate y mientras estiraba los brazos me acordé de la púa. La busqué con dificultad hasta que apareció en un bolsillo de mi campera. Era blanca con detalles negros, rarísimos. Esa noche volverían a tocar, pero en otro lado, casi lo olvidaba. El solo hecho de imaginarme allí me provocaba arcadas. Pero el mismísimo Luca me había invitado, no podía faltar.

Con el cerebro en llagas tomé coraje y volví a ponerme, como en la noche anterior, la campera de cuero. Fui bebiendo cerveza en el camino para matar la ansiedad. Me pareció sentirla más fuerte de lo común y, aunque me cueste emborracharme, enseguida me sentí algo cansado y confundido. Cuando llegué al lugar y vi que el bar de mala sangre no estaba, casi me caigo de espaldas. Solo encontré escombros sobre un terreno baldío. Había un cartel pegado en el almacén de al lado con una foto de Luca y sus compañeros, gastada y con manchas de pegamento, que anunciaba el show. Pero del año pasado. La misma fecha, pero del año pasado.

Posted by:Felipe Hourcade

Nació en Concordia, Entre Ríos, pero vive y estudia Letras en Rosario, Santa Fe. Es narrador y tiene veinte años. Fue jurado del concurso chileno de microcuentos "Lebu en pocas palabras" en 2017 y 2020.

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