Desde la marginalización a la resistencia de la cumbia villera

Resumen

El presente texto realiza un recorrido teórico-conceptual a través de dos rasgos relacionados del mundo globalizado: la marginalización y el sistema carcelario, entendiéndolos a través de la lectura de la canción “Los dueños del pabellón” de Damas Gratis, a partir de ver a esta misma como una canción de realidad y de resistencia a partir de la cultura villera.

Introducción

El período de la década de 1990 en América Latina estuvo marcado por un fuerte dominio de los modelos neo-liberales en la gran mayoría de los países de la región y que dejó varias marcas en la misma, y la que queremos rescatar en este artículo es la “marginalización” de grandes sectores de la sociedad, a través de su exclusión de los sistemas económicos y de los grandes circuitos de producción, como así también de los sistemas políticos de dominación. Entonces, ¿qué es un marginado? En nuestra posición teórica es aquel sujeto que queda por fuera de los mecanismos de producción, es decir se queda sin la posibilidad de acceder a un trabajo asalariado y es expulsado por la sociedad hacia los trabajos informales o las llamadas “changas” generando una exclusión que entrecruza todos los ámbitos de la sociedad.

Los marginados han sido desplazados hacia las periferias (o incluso las periferias de las periferias) de las configuraciones territoriales ejercidas por el poder mediante las cuales se ordenan las ciudades, debiendo construir allí sus propios espacios de vida, donde van configurando su propia espacialidad desde la marginalización. Estos espacios son altamente reconocibles en las ciudades latinoamericanas, no queda más que nombrar a las “villa miseria” de Argentina o las “favelas” de Brasil para que todos sepamos de que estamos hablando.

Hay una contradicción en cómo estos espacios se han construido en las periferias de las grandes ciudades, que en un primer momento si se encontraban alejados de los mismos, ahora en las nuevas configuraciones de las ciudades a partir de la sobre-población de las mismas los espacios que suponían de marginalización en este momento lindan con barrios privados.

En este caso nos centraremos en algo que es propio de las villas miseria que aparecen y se reproducen en Argentina desde mitad de los años 90’, que a partir de la creación de espacios culturales buscan empezar a formar focos de resistencia que ayuden a su propia supervivencia en la marginalización como así también para expresar su realidad y salir de la invisibilización a la cual son sometidos por los poderes tradicionales y dominantes, buscando a partir de estos actos de la cultura bases para su propia resistencia en la existencia. Así fue que surge lo que es conocido como “cumbia villera”, que nace como una expresión de las resistencias antes mencionadas, en las cuales se da cuenta de cómo es la vida de los sujetos en estos espacios y su realidad intrínseca, que en algún momento se extrapolan de las mismas para llegar a ser posteriormente un fenómeno popular, que naciendo desde abajo se eyecta dentro del mundo musical para terminar siendo uno de los géneros más escuchados por todas las clases sociales, pero que en el fondo terminan siendo lo antes comentado, entiendo entonces que esta música es “cómo la orilla de la sociedad puede cuestionar y desafiar su centro” (Pérez Sáinz, 2019, 14)

“Los dueños del pabellón”

La marginalización tiene diferentes rasgos a partir de los cuales se expresa la misma, que por diferentes razones algunas son más o menos mencionadas por la academia tradicional. Aquí nos centraremos en uno que específicamente suele quedar en los márgenes de la marginalización, que es la violencia en el sistema penitenciario, un tópico del cual América Latina tiene mucho para hablar. Las cárceles en la región se han extendido de manera cuantiosa y aun así nos encontramos con una creciente sobre-población de estas instituciones, que no generan formas de lo que se puede llamar “re-socialización”, que por lo contrario tienden a reforzar la marginalización de los sujetos que están allí. Es común ver en diferentes cárceles de Latinoamérica motines, muertes y casos de violencia física –casi inhumana-, a causa también de la sobrepoblación y la violencia ejercida en estos lugares.

A partir de esta consideración y las previas que hemos realizado nos adentraremos en una lectura analítica de la canción Los dueños del pabellón”, del grupo Damas Gratis, nacidos en los márgenes de la sociedad, en las villas miseria de Argentina. Esta canción ha sido elegida ya que, en el amplio mundo de la cumbia como música de resistencia y proclamación de un estilo de vida, nos acerca a una parte de la realidad dentro de los sistemas carcelarios, que vale aclarar, suelen perseguir con más vehemencia, tanto desde el poder judicial como desde las “fuerzas de seguridad”, a las personas que se encuentran excluidas y marginadas de la sociedad.

La canción comienza mediante el verso: “Ahora nosotros tomamos el control/somos los dueños del pabellón”, en el cual nos encontramos con una realidad clásica y hasta cotidiana del servicio carcelario: los motines, algo que ha sido mencionado antes, mediante los cuales los carcelarios intentan mostrar su indignación y rebeldía ante el sistema que los oprime, para llegar a controlar el lugar para ser “los dueños” de la cárcel, no que les impongan la violencia desde fuera sino establecer ellos mismos las leyes dentro de la institución. Sin embargo, los motines y los intentos de tomar el control de la cárcel no suelen tener resultados favorables para los carcelarios, que suelen ser respondidas con mucha más violencia e incluso la muerte.

El verso antes mencionado termina con: “estamos cansados de tanta represión/y vamo’ a tocar de esta prisión”, exponiendo otra realidad clásica de los sujetos marginados: la represión sufrida desde las fuerzas policíacas, que son la mera representación del poder dominante en cuanto a ideología, mediante el cual se extiende la idea de que son “gente prescindible y que no aporta nada a la sociedad”, que termina por ser llevada a la acción por la policía o las diferentes instituciones de las “fuerzas de seguridad” o incluso el poder judicial. Este grito de “estamos cansados de tanta represión” es un grito para salir de ahí y salir de la invisibilización que la marginalización genera sobre este tópico tan constante en las villas argentinas.

Por otra parte, el “vamo’ a tocar de esta prisión” es parte del lunfardo argentino creado en las zonas marginales, cuando el tocar se convierte en el huir o salir de dicho lugar, en sí mismo irse de la cárcel para comenzar nuevamente la vida.

La próxima parte de la canción versa: “quiero que todos se amotinen/levanten bien las manos/ que se pongan a rezar/ los guardias y refugiados/ de esta prisión”, en donde nos volvemos a encontrar con la idea de los motines como parte fundante de la resistencia carcelaria, que incluye un ataque directo en primera instancia hacia los guardias, aquellos que aplican la violencia física represiva dentro de la cárcel, como de los “refugiados”, otra palabra que nace del lunfardo villero para denominar a aquellos que cuando llegan a la cárcel se olvidan de su procedencia acercándose a una complicidad con los guardias como también afuera a los que llevan relaciones con la policía, siendo estos sujetos juzgados por la resistencia villera ya que traicionan sus orígenes para acercarse a aquellos que los violentan, los reprimen, y los matan.

Por último, aparece la parte que quizás sea más interesante en tanto a la enunciación de algo que podemos considerar como un grito de la existencia de la marginalidad sometida a la violencia del sistema carcelario: “A mí no me importa morir/ Abrime la celda que me quiero ir”, en el cual los sujetos exclaman su propia realidad: la de que la muerte acecha en cualquier momento, debido al olvido que la sociedad ha hecho de ellos, debido a los riesgos que corren por estar marginados y por los riesgos que deben correr para sobrevivir en este sistema social. Si ya la cárcel es un sistema de violencia que deja a los sujetos enfrentados a una posible muerte dentro de la misma, una muerte (casi segura) en el exterior no es algo que preocupe al sujeto encarcelado, sino la propia “libertad” de su existencia, el poder salir a ese exterior a morir, no a una vida confinada a una institución que los llevará por el mismo camino con una violencia inusitada y aún mayor a la de la propia realidad exterior. La marginalidad crea esa idea de que “no importa morir”, mientras no sea dentro del sistema carcelario, que es donde la marginalidad se vuelve aún mayor a través de la violencia por la estigmatización.

Encontramos en esta canción varios elementos que nos permiten acercarnos a los aspectos crudos de un sistema carcelario que es socialmente aceptado como algo común y algo que sirve, dentro de la idea del panóptico de Foucault, para ver la realidad que se atraviesa allí, que es la realidad que la cumbia villera siempre viene a expresar: la de la marginalidad. Es así que es posible sostener que este género musical y toda la cultura que se encuentra alrededor de ella no es más que otro grito de resistencia, de rebelión, contra toda la existencia subyugada al mundo capitalista segregador de realidades, de grupos, de existencias.

El final y algunas ideas

Entendiendo que el sistema carcelario es una institución que nació bajo la idea de “la reinserción de los sujetos en la vida cotidiana” para sostener lo que podríamos denominar como el “contrato social” regido desde el sistema estatal como representante del sistema capitalista en los países o en los territorios, hay que ir hacia la perspectiva del qué hacer como sujetos involucrados con perspectiva social para un cambio en el sistema mismo, si no aún sobre la totalidad del mismo, sobre pequeñas especificidades que vengan a luchar con los mecanismos allí impuestos.

Para hablar de un cambio en las especificidades encontramos un gran anclaje en lo que es la educación popular dentro de los contextos de encierro, considerando que una educación que escape de los dogmas de la reinserción de los sujetos busque llevarlos más allá, ¿cómo re-insertar a alguien que nunca se sintió inserto dentro del sistema? En ese plano, la idea de una educación que les dé a los sujetos inmersos en el sistema carcelario otra mirada sobre su propia realidad y sobre aquello que lo rodea. Radica allí la importancia de empezar a realizar talleres de un corte “alternativo” dentro de estos contextos, como lo puede ser algún tipo de proyecto desde una radio comunitaria, desde una biblioteca popular o algún centro de educación que se encuentre por fuera de lo que se denomina “educación formal”, para desarrollar a partir de distintas perspectivas una mirada diferente desde dentro y desde fuera de estos contextos de encierro.

Por otro lado, un cambio en la totalidad del sistema carcelario corre por cuenta de lo que se denomina como “abolicionismo penal”, el cual se propone, a través de entender a las cárceles como lugares de violencia, un fin hacia la utilización de los lugares de encierro para lo que se le llama la “reinserción en sociedad”. Este tipo de movimiento se encuentra con la barrera lógica del Estado como también la otra barrera ya más de corte social, que ve en la cárcel aquel lugar que otorgara un abismo de seguridad sobre sí mismos, complicando así un desarrollo del mismo como movimiento destinado a cambiar una totalidad del sistema. El abolicionismo penal, a grandes rasgos, se propone la no-construcción de cárceles, la liberación de presos sin procesos judiciales y el fin del sistema carcelario como “reparador de sujetos”, pensando a la misma desde otra perspectiva. Para un acercamiento más profundo a esta teoría en el caso argentino recomiendo el documental “Rejas, suspiros y llaves” que se encuentra en las diversas redes de plataforma de vídeos.

Este artículo es solo una pequeña parte de todo lo que podría hablarse sobre este tema y sobre esta cuestión, porque la marginalización nos ataca todos los días y a veces queda enceguecida por la Academia y los partidos políticos (de todas las corrientes ideológicas) que no hacen más que tapar lo que ocurre allí en la marginalidad y aún más lo que ocurre en el sistema carcelario. La cumbia como acto de resistencia cultural está allí para llamar la atención sobre este tópico y muchos más a los cuales debe de prestárseles la debida atención y tratar la problemática como tal: algo que atraviesa a toda nuestra región y debemos de atender urgente.

Bibliografía:

Pérez Sáinz, Juan Pablo – La rebelión de los que nadie quiere ver, respuestas para sobrevivir a la desigualdad extrema en América Latina – 2018 – Editorial Siglo XXI

Posted by:Rocío Tenaglia

También conocida como Bleus. Existiendo -o algo así- desde 1996, nacida en Rosario. Co-fundadora de Camalote. Técnica Superior en Artes Visuales, estudiante de Animación. Oscilando entre ilustración, dibujo, fotografía, poesía, astrología y otros esoterismos. Geminiana full-time.

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