Luis Alberto Steinmann nos sorprende con su primer libro de cuentos, en los que el límite entre ficción y realidad se desdibuja para construir una serie de relatos nómades de geografías, edades y experiencias.

Los cuentos de Luis Alberto Steinmann son breves y concisos, y en esa brevedad logran ser crudamente desoladores. La prosa depurada de todo artificio aparente nos va llevando, imperceptiblemente, a la construcción de mundos en lo que todo parece decir: “las cosas son como son y no hay más que esto”, pero a la vez, no nos permite creerle del todo. Hay una tensión constante entre la esperanza y la desolación que no se resuelve, aunque todo parece dar por ganadora a esta última. Por momentos esa tensión es implícita como en “Inseguridad”, cuento que relata una fallida entrevista de trabajo y por otros se hace explícita como en el cuento “Ella me pidió que saque la basura”, en el que el protagonista cuenta con varias oportunidades para hacer las cosas bien.

Los cuentos de No era yo son relatos nómades. Misiones y Buenos Aires son las geografías que se van dibujando a través del libro. La tierra natal y la tierra prometida, el narrador niño y el narrador adulto. Los episodios de infancia son narrados con la maestría de quien puede encarnar en la mirada ingenua de un niño que nota la crueldad de lo que lo rodea pero no la comprende. En cambio, cuando es un narrador adulto quien toma la voz para contar alguna experiencia o recuerdo, como en “Campanita”, los cuentos no libran de nada al lector, no enmascaran bajo ningún eufemismo la crueldad de lo vivido, como una herida que se deja expuesta.

En su mayoría, No era yo parece remitirnos a Bukowski, con sus referencias al alcoholismo, a los malos trabajos, los vínculos fallidos, la narración autobiográfica. Pero a diferencia de esa escritura desesperanzada y misántropa, en los cuentos de Luis Alberto Steinmann estos tópicos no parecen algo intrínseco al narrador sino productos de una realidad que lo sobrepasa. Sus personajes esperan, desean, quieren otra cosa “pero”. Quieren pero antes tienen que trabajar. Y tienen que trabajar porque no les queda otra, porque todo lo que tienen es su fuerza de trabajo y es esa fuerza de trabajo la que llevan y los lleva a través de las diferentes geografías. Sus personajes no son apáticos ni del todo renegados, simplemente saben que el mundo no es justo con lxs que nacieron sin privilegios y se arreglan como pueden, como en el cuento “El diente”, en el que un implante permanente se transforma en temporal para no perder el diente, el trabajo, una posible relación.

Los cuentos juegan todo el tiempo en el límite entre la ficción y autobiografía, entre la realidad y apariencia pero en el último cuento el escritor nos llama la atención para que no caigamos tan fácilmente en uno u otro. “¿Y tú a qué te dedicas cariño?”, narrado en primera persona, encarna una situación que podemos imaginar tomada de la vida del escritor. Sin embargo la clave para leer este libro parece estar en el relato narrado dentro del cuento. El protagonista, invadido por un recuerdo de infancia, cuenta una historia que le contaron sobre un engaño: un niño que se pone la ropa de otro para engañar y ganar a la escondida. La historia parece poseer al protagonista, al punto de hacerla propia, de alucinar que había sido él quien la vivió. Cerrando el libro, Luis Alberto Steinmann nos hace un guiño a los lectores para que recordemos que estamos leyendo literatura, que la literatura es un juego en el que nos disfrazamos de otrxs para seguir contando historias que esconden algo tan verdadero sobre nosotrxs mismxs que es imposible, como en la escondida, no volver a contar.

Posted by:Milagros De La Horra

Colaboradora en Camalote. Nacida un viernes 13 a medianoche, bruja feminista. Colaboro en el proyecto de Laura Remis, La ciudad de las mujeres. Escribo poesía y sobre la poesía.

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