Ilustración: Bleus (@bleustardust)

No voy a mentirles, no es mi estilo y debe ser porque estoy muy acostumbrado a no poder ocultar cosas, no es fácil tener cabeza de dragón en el siglo XXI. Tengo 23 años y desde que tengo memoria la cara de la gente al verme va cambiando, la primera vez siempre es de sorpresa o miedo, obvio que hasta hay gente que sale corriendo en la calle y otras personas que bueno, me piden fotos o me saludan porque ya soy bastante conocido en la ciudad. “Ahí viene cabeza de dragón!” dicen los chicos del jardincito de la esquina de casa. Mirá que yo les digo que me llamo José pero ellos me dicen que es un nombre muy común para alguien como yo, que yo debería tener un nombre extravagante como sir Dracunis Draconico Dragonicio pero la verdad es que no me sentiría cómodo con un nombre como ese, José me parece más adecuado.

Seguro que debes tener varias preguntas como de dónde nací, cómo es mí familia, cómo crecí y etc. Creo que la historia es mucho más común de lo que ustedes podrían imaginar… Mi mamá quería ser mamá de todos los chicos que sufren en el mundo para poder darles amor y comida pero la pobre trabajaba 12 hs al día, no tenía tiempo ni de hacer un bebé de esos que vienen en la cajita y se hacen en 5 minutos como un postre Royal. Una noche estaba esperando el colectivo para volver a su casa, miro para arriba y me vio que venía cayendo como si fuese una hoja que cae de un árbol muy despacio y el viento me depositó en su regazo. Mamá me abrazó fuerte y me despertó con su voz suave que dijo “Hola José, te espere toda mi vida” de ahí en más todo fue amor.

Cuando llegó mí mamá a casa de sus padres conmigo casi se infartan, yo tenía 3 semanas y ya caminaba y hablaba bastante bien así que fuimos las 6 horas de colectivo practicando la frase “Hola abuelos soy José”. Entre a esa casita con patio y un limonero al grito de “HOLA ABUELOS SOY JOSÉ!” mientras mamá lloraba y nos abrazamos todos. Único nieto siempre, no voy a negar que me cumplieron todos los gustos y caprichos.

Por supuesto mamá tuvo que dejar ese trabajo pero nos empezamos a dedicar juntos a hacer comida para vender y también a la noche hacíamos unas ollas enormes de sopas y guisos en invierno o fuentes de ensalada en verano para compartir con nuestros vecinos que vivían en la calle. El departamento era chiquito y no entrábamos 6 personas y yo así que bajábamos y nos sentábamos todos en la vereda.

Fui a jardín donde hice actos en los que salí de rey, de vendedor de velas, en uno fui el viento y en otro hice los efectos especiales con mí súper poder de hacer ruidos rarísimos con la boca (si esperaban que diga escupir fuego… no voy a ahondar en cómo aunque soy un octavo dragón no puedo hacerlo). En la primaria fui abanderado, jugué al fútbol en el club del barrio y ahí me hice mis primeros amigos y mi primer novio. Sí, tuve uno o dos novios y no voy a contar nada al respecto.

Bueno sí les voy a contar. El primero fue a los 16, yo iba a la escuela y al club, increíblemente era amigo de todos. Uno pensaría que alguien con una diferencia física tan enorme (bueno tampoco literalmente grande) tendría dificultades para relacionarse pero no es mi caso, después de la primera impresión que casi siempre era de disgusto me ganaba a todos con mi simpatía y mis otras cualidades. Obvio que siempre hubo gente que se burlo de mí, me insultó o me denigró sin intentar conocerme, dijeron muchas cosas feas pero los ignoré. Una tarde de primavera cuando estaba yendo al vestuario antes de jugar a la pelota me gritaron:

“¿Adónde vas monstruo? El tren fantasma está para el otro lado” entre risas burlonas.

Ese día estaba blando y me estaba por largar a llorar pero apareció Lucas y les dijo:

“Él no es un monstruo! Es un ser huma.. un ser precioso y deberían tratarlo bien!”

Lo miraron desafiantes:

“O si no que?”

Lucas se arremangó el buzo amarillo y negro que estaba usando, tiró la gorra al piso y se golpeó el pecho con una mano:

“Vamos afuera si te la bancas”

Los otros dos se dieron la vuelta y se fueron, yo estaba impávido contra una pared mirando a Lucas con lágrimas en los ojos. Se volvió hacia mí, me abrazó fuerte temblando y me confesó que nunca se había peleado con nadie pero se sintió fuerte en ese momento y a partir de ese día no nos volvimos a separar hasta que él se fue a estudiar a otra provincia. Fueron 2 años de peleas contra el mundo, mamá nos abrazó a los dos antes de dormir cuando llorábamos sin entender porque la gente nos trataba así.

“No pelean contra gente, pelean contra ideas” dijo mientras sostenía un hielo en la frente de Lucas que cada 2×3 terminaba a las piñas.

“Y como peleamos contra las ideas?” preguntó Lucas.

“Desarmándolas” contesto mamá muy sabiamente.

Muchas veces quise dejar a Lucas porque capaz que yo sí era un monstruo y estar conmigo lo metía en problemas, a nadie le gusta ver una persona con cabeza de dragón caminando en la calle de la mano de la persona que ama y siendo feliz porque esas cosas son para los demás, para los normales, y nadie podía entender como un chico tan lindo como él parecía ignorar que yo me veía así. Pero todas las veces me repetía lo mismo:

“Te amo José, los demás no me interesan, si un día nos separamos va a ser porque no nos estamos dejando crecer y nos tenemos que soltar”.

Cuando Lucas se fue yo me tomé un colectivo a la casa de mis abuelos para que me mimen todo un fin de semana como cuando era chiquito y estaba enfermo. Según la abuela lo estaba, estaba enfermo de extrañitis así que me dio un brebaje en una botellita para que lo tome cada vez que lo extrañaba y le mando una a él, lo tomábamos juntos haciendo videollamadas.

Termine la escuela y me dediqué a trabajar full time en el comedor que tenemos con mamá. Ella insistió con que estudie cocina y le hice caso, pero ya no era la escuela y yo ya no era un adolescente carismático. Mis escamas se endurecieron y mí voz a veces era tan grave que tuvimos que cambiar los vidrios por unos más resistentes, en los días que estaba serio la gente me tenía miedo y hasta me consideraban una amenaza. Nunca supe cómo explicar que yo solamente quería estudiar y trabajar como cualquier persona. Estuve muy triste y dejé de salir hasta que un día me llama por teléfono un señor con voz ronca y me da una dirección porque resultaba ser el único fonoaudiólogo de dragones del mundo y vivía a a 4 cuadras de casa. El me ayudó a moderar mí pronunciación y tonos, me mandó a clases de canto y a los 2 días ya me había metido en un coro donde conocí a Roberto y bueno ahí sí que no me voy a explayar solo voy a decir que me está mirando desde el sofá de nuestro living mientras escribo esto.

Releyendo todo lo que les cuento pareciera que fue muy fácil todo, pero me estoy salteando la parte en la que mamá tuvo que demostrar con bibliografía que me faltaban las glándulas disparafuego para que me anoten en jardín, yo estaba con la boca abiertísima y las maestras abrazadas con mucho miedo miraban y analizaron detalladamente mí boca. También calmo todos mis berrinches que imaginen lo que eran si a los 4 años ya podía levantar 20 kilos y gritaba tan fuerte como la bocina de un camión. Mamá corrió por todos lados buscando médicos especialistas que traten con dragones, me hicieron análisis, me metieron en tubos, me hicieron pruebas de resistencia física y nos ofrecieron plata a cambio de sacarme una o dos escamas para estudiarlas, nunca vi a mí mamá hablar tan firme como cuando esa tarde le gritó al médico que no podría creer su falta de tacto y respeto. Durante mis primeros días no sabía bien que darme de comer así que tuvimos que ir a una biblioteca viejísima y encontramos en un libro súper antiguo y lleno de polvo un capítulo que contaba detalladamente la dieta de los que son como yo: milanesas con puré, tarta de zapallitos, empanadas de carne con pasa de uva, banana, manzana y flan con dulce de leche. Ella adapto todas mis remeras y buzos poniéndole botoncitos en el cuello así no me vestía de camisa todos los días, agrando capuchas y tejió gorros. Me abrazó todas las veces que lloré deseando cambiar y me frenó a tiempo ese día que me quise arrancar una escama porque me había cansado de mí. Yo también quería tener pelo y orejas y una nariz chiquita y respingada, quería tener acné! Pero a mí me tocó esto entonces mamá me enseñó a maquillarme, vestirme y ponerme gorros o pelucas para que cuando me cansé de ser José, el cabeza de dragón, pueda vivir la fantasía que me haga feliz por un rato.

Mucha gente me dijo que yo soy mágico porque no nací de una panza, ni me hicieron con la premezcla, ni en un laboratorio sino que caí del cielo y con cabeza de dragón, pero en realidad la mágica es mi mamá que logró que todo el mundo pueda ver más allá de mis escamas, mis dientes puntiagudos y mis ojos amarillos.

 

 

 

Posted by:Rocío Tenaglia

También conocida como Bleus. Existiendo -o algo así- desde 1996, nacida en Rosario. Co-fundadora de Camalote. Técnica Superior en Artes Visuales, estudiante de Animación. Oscilando entre ilustración, dibujo, fotografía, poesía, astrología y otros esoterismos. Geminiana full-time.

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