Texto por Sabrina Judith Mantero

Fotografías por Camila Comi 

Martes 27 de agosto. Eran las 17:30hs y una humedad densa acompañaba la tarde. Salimos de casa rumbo a la marcha contra el gatillo fácil, intercambiando ideas sobre las políticas del actual gobierno y cómo las medidas que toma Macri y todos sus acompañantes nos afectan radicalmente. Entre suspiros con gusto a incertidumbre nos dimos cuenta que la marcha ya había avanzado un par de cuadras. Nos apuramos para alcanzarla y recorrimos toda la longitud de la misma. Queríamos llegar adelante para acompañar a las familias y víctimas de violencia institucional.

Las calles rosarinas estaban repletas de diferentes grupos políticos y la gente se iba sumando a medida que llegábamos a la plaza San Martín. Yo miraba a Cami que iba concentrada tratando de captar con su cámara de fotos esta realidad de mierda donde aún tenemos que salir a reclamar por nuestros derechos más básicos.
Apreciando la escena llena de personas con pancartas, gritando y pidiendo justicia, me colmó un sentimiento de esperanza. “No cambies la vicera por la gorra” anunciaba uno de los carteles que levantaba con fuerza una piba y me inundó una insondable seguridad de que todos estos dolores, en algún momento, solo pasarían a formar parte de nuestra memoria.

Los mensajes son claros, luchamos porque no queremos que más pibes mueran en manos de la violencia que ejerce la policía, el servicio penitenciario y las fuerzas de seguridad. Claramente no son casos aislados, eso pasa diariamente en nuestra ciudad y en toda la extensión de nuestro país. Pasa en los barrios, en los márgenes y jamás te lo van a informar los medios de comunicación hegemónicos, cómplices de este poder que avala y habilita estas practicas represivas.

Luego de que se leyó el documento, donde se le exigía firmemente al Estado que dejara “de hostigar, de requisar, de humillar, de golpear, de manosear, de maltratar, de torturar en cárceles y comisarias, de ejecutar y desaparecer personas”, se llevó adelante una olla popular para protestar también por la crisis económica que estamos atravesando. Porque no comer es violencia, porque dormir en el frío es violencia, porque no poder estudiar es violencia, porque no poder trabajar es violencia, porque si ninguno de nuestro derechos son respetados, eso también es violencia. En este marco de políticas de ajuste y empobrecimiento no nos podemos quedar calladxs.

Posted by:Sabrina Judith Mantero

1996, entrerriana. Co-fundadora de Revista Camalote. Estudiante de Letras en la UNR. Es sólo una pueblerina que anda en búsqueda de la historia silenciada y que en sus tiempos libres hace tiradas de tarot.

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