Las puertitas del Sr. Tarantino – Santiago Salemne

LAS PUERTITAS DEL SR. TARANTINO

Entramos a la sala, a oscuras porque llegamos tarde, nos sentamos y nos preparamos para ver una película de Tarantino, o sea sangre y tripas; pero a medida que pasan los minutos encontramos otra cosa, una narrativa más lenta de lo que esperábamos, pocas escenas de acción y una tensión que se va generando en nosotros y creemos que tendrá su resolución en el final. Y hay una resolución, pero no es la que esperábamos, es otra, que se cuela en nuestro cuerpo y nos hace sentir una liberación y tranquilidad que no creíamos encontrar en esta sala. Tarantino juega con lo que el espectador sabe y prevé, por ello nos muestra tanto a una Sharon Tate que no terminamos de entender su rol en la trama si no es entrecruzado a lo que conocemos de la historia real; la vemos espléndida, feliz y exitosa, pero por dentro sabemos el destino trágico que tendrá, así engendramos una angustia que sigue al film, pero en la escena final ese sentimiento se evapora y nos queda la felicidad de que todo salió bien, de que estamos en un mundo en el que todo es mejor, uno muy alejado a éste.

Las puertitas del Sr. López fue una historieta que comenzó a publicarse en 1979 por Carlos Trillo y Horacio Altuna, y que obtuvo un gran reconocimiento en el tiempo por haber sorteado con eficacia las censuras impuestas por la dictadura cívico-militar que vivía el país en ese entonces. El Sr. López era un hombre regordete que trabajaba en una oficina y tenía una vida más que monótona y aburrida, pero escapaba de ella cruzando algo tan simple como una puerta común y corriente (generalmente la de los baños); a través de ese portal ingresaba a mundos desconocidos y excitantes que siempre suponían emociones y libertades que no encontraba en el mundo ordinario. Tarantino, al igual que López, se aburre de este mundo injusto y sombrío, y atraviesa puertas a otras realidades mejores, o por lo menos distintas, en las que el curso de la Historia, tal y como la conocemos, se subvierte para abrir nuevas posibilidades a acontecimientos que marcaron a la sociedad y le dieron el tono macabro del que hoy renegamos. En sus films (no todos) leemos la necesidad de tergiversar los hechos históricos para desarticular un presente que nos asfixia, llevándonos a un mundo en el que Hitler es asesinado y el Partido Nazi reventado, o en el que los esclavos del sur de EEUU se vuelven contra sus esclavistas. En esta línea se inscribe la última película del director, Once Upon a Time in Hollywood, en la que propone pensar qué hubiese pasado si los escalofriantes asesinatos cometidos por la familia Manson no hubieran tenido éxito. En esta puertita, el Sr. Tarantino, disuelve el impacto que tal hecho tuvo en la sociedad norteamericana y en la industria de Hollywood de los ’60, deshace el miedo al prójimo que comenzó a tejerse en las personas desde aquello que supuso un punto de quiebre con la cultura libertaria y hippie que sacudía cabezas, literal y metafóricamente; y, lo más importante, ejerce un acto de justicia con una figura a la que admiró. En ese mundo Quentin salva a Sharon, ridiculiza y destroza a los asesinos, y rescata a la sociedad de la sombra que corrompería su inocencia, entregándonos, de esta manera, un film en el cual nos gustaría vivir.

 

Ilustración

@olacachorra

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