Festival Oushit! 9/11. Pequeña crónica de una noche agitada

La noche empezó entre amigxs. Era el cumple de dos de ellxs y con lxs pibxs del barrio andábamos meta pizza, escabio y porrito. Las previas siempre son así. Mi estadía en el cumple fue rápida, aunque pensaba quedarme menos. Hablé al pedo, organizamos un viaje de hongos con fecha y lugar que ahora no recuerdo, me tomé unas latas, fumé dos cigarros (bien), después filmé a un amigo armándose un tres lillos, lo fumamos, parecía un Tumba Rancho, seguí hablando al pedo y por último la foto grupal, la frente de otro amigo contra uno de los ventanales del quincho (risas) y el cántico del feliz cumple. Comí las tortas de mi amiga pastelera la Mona (@mona.jota), que estaban un diamante y arranqué al reci.

Al llegar, me encontré con dos compañerxs de CMLT (Camalote), Félix y Ro. Cada unx con una cámara en la mano shootiando toda la noche. Primero Palta and the Mood llegó con una instrumental para hacernos bailar.

Luego aterrizó Banzai FC.

Una banda que tiene una identidad y una trayectoria propias que viene de hace rato, además en cuanto a lo conceptual tienen la particularidad de parecer que se asocian al palo más apolítico del ámbito musical, al menos en las entrevistas, pero en el escenario las bajadas de línea de un progresismo sorpresa se manifiestan y hacen que unx se enamore de la banda intensamente.  Los temas que tocaron fueron los que pertenecen a su único disco Generación TV: Temporada I.

Al finalizar la banda porteña, Kunyaza llegó con su característico flow versátil.

Variables genéricas como el soul, el funk, el rock y hasta el pop abrazaron al público llevándonos como si fuésemos agua por sentimientos de chill, agite y mucho movimiento de cadera. Resulta una banda que provoca una liberación espiritual extraña, hasta para los más escépticos del concepto “espíritu” como yo. Las sensaciones dentro de ese imaginario, odio, amor, enojo, excitación, alegría, bronca, etc., se dan, al parecer, mientras nado bajo el agua y me abrazo con la persona que quiero. Creo que el sentimiento de comunidad que generan estas bandas es un fenómeno que no han inventado, pero sí lo han trasladado a la escena rosarina de la música hace unos años, junto a otros grupos de su generación.

Los descansos no fueron gratos. Para fumar un pucho había que apretarse como sardinas en esos patios minúsculos que están tan en auge en algunos espacios. La gente se tuvo que sentar en el piso, las piernas no te daban más y no había lugar para apoyar el culo. Aunque la participación de la DJ Triga Nigga nos salvó a todos de ahogarnos en el cansancio más pesado.

Por último, Caliope Family. Funk, hip-hop, rap (no tiene caso hablar seriamente de un género, solo sirve para una ubicación auditiva a medias) y el Brapis al frente levantaron como nigromantes las manos del agite. La segunda vez que pude verlos y me siguen sorprendiendo. El conjunto instrumental sabe qué es lo que las rimas del Brapis quieren. Tocaron temas de su disco Rhythms & Rhymes como Palabras, Levántate y Corre (la cual salí del reci gediéndosela a uno de mis amigxs repitiéndole el tema a cada rato), Si te digo, etc. Después aterrizaron en el escenario (y ahí se fue todo al carajo) los Golden Boyz, el Sirio y Russel. En la atmósfera se respiraba una lírica fiel al boom bap y las manos arriba subían y bajaban con ese movimiento de cabeza que dice “voy de frente”.

Agradecemos la invitación a lxs organizadrxs del festival.

PH: @bleusnotfound (Rocío Tenaglia) @felixleonelperalta (Félix Peralta)

Escribe: @biribinn (Giuliano Biribin)

 

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