Escribe: Milagros De La Horra

Después de 18 años, a través de la plataforma Netflix, resucita la serie Rebelde Way, el primer producto de Cris Morena orientado a adolescentes que escandalizó a más de una familia y obligó a niñes y adolescentes a mirarlo a escondidas. Ahora, para quienes pudieron verlo en su momento y para quienes no, podemos acceder a las dos temporadas, remontarnos un rato a la tele argentina del 2002 e indignarnos con el machismo, la xenofobia, el clasismo, la gordofobia que encontramos en esta serie.

Al mismo tiempo, se estrena la segunda temporada de Sex Education, una serie británica también orientada a adolescentes, en la que Otis, un chico bastante tímido e inexperto sexualmente, da consejos sexuales a lxs demás chicxs de su colegio, gracias a lo que aprendió a través de su madre, una terapeuta sexual. “Esas ganas locas de vivir la vida” que es la adolescencia, en la que la inexperiencia, la curiosidad, los impulsos nos llevan a situaciones placenteras así como también a situaciones desagradables, no es el único nexo en común entre ambas series. El telón de fondo para la acción es la escuela, esa institución tan vilipendiada por su ineficancia para contener el desborde adolescente, y que en ambas series se muestra ineficaz de entender y responder a las necesidades del alumnado.

Rebelde Way

En una entrevista, ante la crítica hacia las escenas de sexo y el tratamiento de la drogadicción en los adolescentes, Cris Morena dijo “Nosotros no somos educadores, estamos mostrando una realidad (…) es ficción, pero tiene un gran anclaje en la sociedad actual”. Es interesante pensar la función didáctica en los productos culturales. ¿Es necesario que una novela tenga moraleja para expresar una voluntad educativa? ¿Acaso las ficciones no pueden reproducir ciertas ideas que influencien en los gustos y consumos del público? Es ingenuo pensar que una ficción que tiene un capítulo diario, cinco días a la semana no produzca ningún efecto en lxs televidentes, sobretodo si consideramos que su principal público eran niñxs y adolescentes, una franja etaria en la que, en busca de una personalidad propia, se tiende a adoptar modelos a seguir.

¿Qué mostraba Rebelde Way? Por un lado, presente desde el título, la novela nos presentaba la rebeldía como una salida a la frustración adolescente. El conflicto entre jóvenes y adultos es central en la novela; ante los mandatos de sus padres y la escuela, lxs chicxs se rebelan y a través de mentiras y escapadas, buscan la manera de hacer lo que quieren. El politólogo mexicano Héctor Villareal analiza en qué consiste la rebeldía presente en esta novela en su artículo “Rebeldía pop” (disponible en internet) y señala que “la rebeldía como modo de vida es un conjunto de actitudes, prácticas y símbolos que, gracias a los medios de comunicación, han adquirido connotaciones transgresoras”. En el caso de esta telenovela y su adaptación mexicana (que es la analizada por Villareal) lo rebelde “reside en la descuidada forma de vestir de sus protagonistas en contextos donde está prohibido, en su apuesta por la comodidad y en la igualación de los ricos con los pobres”. Consejos de belleza, lentes de colores, accesorios, marcas de ropa, tanto en la serie como en su revista, Rebelde Way predicaba una estética a seguir entre lxs adolescentes que buscaban una marca de identificación. Villareal además indica que “las telenovelas no están hechas para representar la realidad, sino para fantasear sobre ella. Su éxito no depende de cuánto se parezcan a la vida de los espectadores, sino, al contrario, de lo bien que reflejen sus sueños”. ¿Qué tentador podía ser para unx adolescente argentinx del 2002, año de profunda crisis económica, esta convivencia entre chicxs de diferentes clases sociales en un espacio en que todo era posible? Rebelde Way mostraba su anclaje en la sociedad actual convirtiendo a la rebeldía adolescente en un objeto de consumo, posible de ser alcanzada a través de una remera, un corte de cabello, una pose.

Por otro lado, con solo ver los primeros capítulos nos encontramos con discursos de odio: sexismo, clasismo, gordofobia, capacitismo, racismo, xenofobia, antisemitismo. Más allá de la trama de intrigas de cualquier telenovela, para que funcione la maquinaria dramática, Rebelde Way se alimenta de los mitos del amor romántico y de estos discursos de odio para producir conflicto. Pero en ningún momento estos discursos son desacreditados, sino que son validados (como el amor romántico) o llamados a ser superados individualmente, a través de la autoestima, la aceptación, el amor hacia uno mismo, conceptos propios del new age que enfocan los problemas en el individuo y no en lo social, que es en dónde realmente se generan. Así vemos que es propio de una relación romántica que los protagonistas traten mal a sus intereses románticos porque es la forma en la que expresan que les gustan (“los que se pelean se aman”); también las burlas hacia Felicitas (la “gordita” de la novela) encuentran consuelo en que no importa su cuerpo, sino que es buena persona; que el cariño de los amigos hacia Guido (único personaje no blanco) se traduzca en que lo apoden “café”. ¿Cuántxs habrán sido apodados “café” después de esta novela por amigxs y no tan amigxs? ¿Cuántas chicas se habrán mirado al espejo buscando no ser Felicitas? ¿Cuántas habrán aceptado los maltratos de un chico por pensar que gustaban de ellas?

Educación sexual

La serie además aborda aspectos de la sexualidad que pueden ser innovadores si son explorados con más detenimiento pero en Rebelde Way se presentan como un conflicto más, pronto olvidable. El inminente debut sexual genera revuelos no sólo en lxs adolescentes sino en la escuela y los xadres. Salvo por la intervención del profesor “buena onda” y la charla de una madre, lxs chicxs no tienen acceso a ningún tipo de información sobre su deseo y sus posibilidades. “No somos educadores” aclaraba Cris Morena, sin embargo el mensaje hacia la exploración sexual típica de la adolescencia es completamente moralista. El personaje de Vico, que era sexualmente activa, era “la rápida” de la escuela; los consejos de lxs adultxs se aproximan a una educación sexual para el amor, enfatizando de que hay que estar con quien unx ame; la primera experiencia sexual de una alumna termina en la posibilidad de un embarazo adolescente.

No hay que olvidar que la trama se desarrolla en una escuela, la Elite Way School: “el lugar del conocimiento se mantiene, con relación a la sexualidad, como el lugar del desconocimiento y la ignorancia” señala Lopes Louro en “Pedagogías de la sexualidad”. El espacio escolar se presenta no sólo como un espacio que no responde con una respuesta curricular ante las dudas de lxs adolescentes sino que vigila y castiga. De cualquier forma, la división de las habitaciones por género y la expulsión inmediata de aquellxs que transiten el otro espacio, así como otras normas y castigos, conforman una respuesta educativa en la que se promulga un régimen heterosexual y la abstinencia como programa de educación sexual. Retomando a Lopes Louro: “En la escuela, por la afirmación o por el silenciamiento, en los espacios reconocidos y públicos o en los rincones escondidos y privados, es ejercida una pedagogía de la sexualidad, legitimando determinadas identidades y prácticas sexuales, reprimiendo y marginando otras”.

Sex education y ESI

La primera y segunda temporada de Sex Education aborda el problema de la falta de información en adolescentes y adultxs sobre la sexualidad. No deja de ser una serie para adolescentes, apelando al melodrama y a ciertos lugares comunes en este tipo de producciones pero innova en la manera de presentar las experiencias diversas que pueden en esta etapa. A pesar de la falta de representación del colectivo travesti/trans/no binarie, Sex Education visibiliza experiencias que, hasta hace muy poco, era difícil verlas en una serie para adolescentes. Homosexualidad, asexualidad, pansexualidad, fetichismo, enfermedades de trasmisión sexual, vaginismo, aborto: lxs chicxs hoy consumen ficciones que reflejan una porción mayor de la experiencia humana.

Sin embargo, la escuela sigue siendo un lugar de conflicto. En Sex education, la educación sexual tiene su lugar en la currícula pero su contenido es insuficiente y el profesor que la dicta no está formado para hacerlo. El tabú, la desinformación, la infantilización de lxs alumnxs son factores que se alinean para que lxs adolescentes terminen buscando información en otros ámbitos o estigmatizando lo que no entienden, como sucede en el primer capítulo de la segunda temporada. La serie parece mostrar que no es suficiente con poner una hora de educación sexual y que se enseñen los métodos anticonceptivos y de barrera, sino que el abordaje de la sexualidad es más complejo que ponerse un preservativo en una relación heterosexual.

En Argentina tenemos una ley de Educación Sexual Integral promulgada desde 2006 pero que, hasta el momento, encuentra muchas trabas para su aplicación. Al no enfocarse solamente en el aspecto biológico sino que contempla la sexualidad también desde el deseo, el consentimiento y la diversidad de experiencias, su implementación se ha visto frenada por actores político-religiosos, por lo que seguimos con poca respuesta institucional. Desde los medios de comunicación, la oferta es mucho mayor que en otros tiempos. Hoy podemos elegir entre ver una serie vieja como es Rebelde Way, o una serie como Sex Education, incluso novelas argentinas como Cien días para enamorarse, que proyectan una mirada más inclusiva (y real) de la sociedad. ¿Seguiremos eligiendo que nuestra sexualidad y la de lxs niñxs y adolescentes pase por un producto de consumo que miramos a escondidas o haremos público (desde la representación en los productos culturales hasta en las leyes e instituciones) nuestra necesidad de mayor y mejor información sobre un aspecto constitutivo de nuestra vida? Más allá de la nostalgia que implica ver algo de nuestra infancia hoy, quizás más que criticar a lo que sucedía en ese entonces, Rebelde Way nos puede llevar a pensar que los cambios que se produjeron en estos últimos dieciocho años no pasaron solos, y quizás nos mueva a actuar para lograr una sociedad menos violenta y más inclusiva desde nuestras leyes y sus instituciones hasta nuestros productos culturales.

 

Posted by:Milagros De La Horra

Colaboradora en Camalote. Nacida un viernes 13 a medianoche, bruja feminista. Colaboro en el proyecto de Laura Remis, La ciudad de las mujeres. Escribo poesía y sobre la poesía.

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