La historia se repite

Recientemente nos enfrentamos con la noticia de que el club 1518 cerrará sus puertas en abril. Tras una denegación de permisos, el lugar cesa sus actividades este año. De nuevo una herida que vuelve a abrirse en nuestra ciudad. Por este motivo, es oportuno mirar un poco para atrás y retomar la historia de los lugares que actualmente son recuerdo y, en su momento, ocuparon un espacio de intercambio donde diferentes artistas y diferentes expresiones artísticas supieron tener una oportunidad de trabajo o de divulgación. Lo interesante de volver a ver las clausuras de los bares culturales es observar que el denominador común que se repite en cada situación es la mala gestión municipal que hasta la actualidad no termina de dar una legislación acorde a las necesidades que imperan en la noche de nuestra ciudad. Salvo por algún que otro decreto que, de manera insuficiente, intentó ser paraguas de un sinfín de demandas por dichos espacios, no existió ni existe una respuesta concreta. A esto se le suma la falta de visibilidad que se resume en los deplorables gestos que se sufrieron en los últimos años como las pegatinas municipales que se pegaban en los afiches publicitarios rezando “Publicidad no autorizada”; como también el ninguneo de las actividades fuera de la gestión en la agenda municipal. En declaraciones recientes, Gonzalo, responsable del Club 1518, denunció en los medios que el actual intendente Javkin se juntó con el sector nocturno los cuales en nada encajan con la propuesta que el lugar mantuvo en sus cinco años de actividad. Una vez más, el foco está puesto en los lugares que no contemplan las posibilidades e intereses que estén fuera de las clases más altas, y que nada quieren tener que ver con la producción artística local.

7218 es el número de la ordenanza en relación a los espacios nocturnos que desde 2001 no sufre ninguna modificación. Actualmente esta ley rige en más de 200 negocios, principalmente salones de fiestas, lo que evidencia una falta de consideración hacia los bares culturales en los cuales se penaliza, por ejemplo, el baile. En la década que dejamos atrás, se ha llevado a cabo una lucha a favor de una nueva ley específica para este ámbito. El colectivo protagonista de dicho reclamo fue el inactivo ECUR (Espacios Culturales Unidos de Rosario) quienes presentaron en consejo un proyecto ley y recibieron en su momento alguna atención de la banca de concejales, pero nunca del poder ejecutivo. El año 2014 fue testigo de un decreto que pretendía reconocer la actividad de estos espacios alternativos, una propuesta oficial. Sin embargo, desde el minuto cero el ECUR no escatimó en denunciar la unilateralidad con la que se manejó la operación. Su lucha fue acompañada de diferentes eventos con intervenciones artísticas, manifestaciones en espacios públicos y, lo más importante, la difusión de las injusticias sufridas a través de redes sociales, lo que en su momento llegó a tener un alcance público. Hoy en día con la mayoría de estos espacios cerrados, el ECUR no está en una aparente vigencia. Sin embargo, es inevitable considerar su legado. La última noticia de una posible reelaboración de la ley ocurrió en 2018 y en 2019. Sin embargo, el proyecto fue pateado una y otra vez.  Sin ley que avale la existencia de los espacios culturales nocturnos se seguirán sucediendo estos embustes burocráticos como la clausura que sufrió el 1518 por “tergiversar el rubro”.

 

 

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Holooo! Esto es el Club 1518, un lugar que nos dio mucha felicidad, un lugar donde se armaron bandas, amistades, amores, desamores, mil anécdotas, donde pasó toda la cultura under de la ciudad, y nos hubiese encantado que siga pasando todo esto, pero llega a su fin por problemas MUNICIPALES, económicos y el malestar que genera esto, cerramos el 1er fin de semana de Abril, así que a disfrutar las movidas que quedan! Gracias a las pibas Gogo, India y Meli, el Niño, Martín, a toda persona que estuvo en el Club, gracias a todas las bandas, gracias a las producciones, gracias a todas las amistades, gracias a todes porque somos una gran movida cultural que no va a terminar (aunque lo quieran) que viva el UNDER! 🎥 Gracias Balti por este video! Captaste lo que es el Club . . . #club1518🌴 #cultura #under #rosarina

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Esta falta de respuesta por parte del Estado afecta tanto a lxs gestores a cargo de los diferentes espacios como lxs asistentes. En los últimos diez años, han cerrado sus puertas más de una decena de bares; entre ellos La Chamuyera, El Olimpo, El espiral, Bienvenida Casandra, Nómade, Stop in Brazil, La clave, entre otros. En muchos de los lugares mencionados un actor cómplice es las denuncias vecinales, a veces reales, otras veces de misteriosa procedencia. A esto se le suma los escabrosos hechos de violencia anónima como fueron el trágico caso de una joven que recibió un botellazo desde lo alto de un edificio mientras salía de La Chamuyera, o la agresión a piedrazos sufrida en Stop In Brazil. Del primer caso nunca se llegó a una resolución y el delincuente quedó impune. Esta situación, como muchas otras, también tiene raíz en el accionar público: al no ser reconocidos estos lugares por municipio, la entidad nunca termina de ser comprendida por la ciudad. Y la reacción ante lo desconocido parece siempre terminar en un terreno hostil. Tampoco se debe ignorar la promoción de odio que efectúan los medios tradicionales que se posicionan a favor del vecino, que, si bien sus noticias tendenciosas apuntan más a los boliches y cervecerías, no terminan de desligar la imagen de los bares culturales a este conjunto. En el caso del 1518, la salida que parecía salvar la terrible situación era la posibilidad de conseguir un permiso que habilitara al local como cantina, pero todo esfuerzo terminó ante la negativa de un vecino que no quiso avalar con su firma para que el trámite pueda efectuarse según las descabelladas medidas de la ciudad. Salvando las distancias, una ley de bares culturales haría lo mismo que sucedió con la ley de matrimonio igualitario: crearía una apertura, una iniciativa por parte del estado a la conciencia de este tipo de espacios.

Sería un error olvidar el contexto de crisis nacional que seguimos sufriendo debido a las políticas del macrismo. La continua inflación redujo la posibilidad de consumir en los locales los cuales, debido a las coimas producto de las incontables inspecciones y los tarifazos, se veían obligados a aumentar los precios de cocina y barra. Esto condujo a que muchxs asistentes dejaran de consumir en los locales culturales a pesar de asistir a los eventos optando comprar alcohol en kioscos cercanos. Un rebusque (admitamos que bastante cuestionable) pero no por eso deja de reflejar la triste realidad que se vivió en el bolsillo de lxs rosarinxs y la perdición para aquellas gestiones culturales, como el mismísimo Club 1518, que supieron mantener la política de no cobrarle un proporcional de entrada en puerta a las bandas que armaban fechas en el local.

Nada es inocente en todos estos datos que brevemente mencionamos. Las políticas nacionales y locales atacan directamente a la propuesta cultural, a los sellos emergentes, a las bandas que ven reducidas sus oportunidades para trabajar. Todo esto reduce a que la agenda cultural sea manejada exclusivamente por el gobierno municipal que, por más bienintencionado que parezca el acto de traer a un músico tendencia de forma gratuita, echa sombra en los artistas y lugares disidentes de sus políticas o que directamente no encajan con el producto centralizado y hegemónico que pretenden imponer. También en 2018 y 2019, en plena campaña, el Galpón de la música fue el lugar de muchos festivales de sellos independientes, pero ¿quién puede asegurar que esto continúe así? Al fin y al cabo todo parece encarar a que la expresión cultural  pase por el aval de firmas estatales y la imposición de un servilismo para lx artista. ¿Qué hacer? Del lado del público tener en claro las prioridades. Apoyar las fechas locales en primer lugar, y evitar ir tras la tendencia o la extensión que pretenden hacer ciertos eventos de Buenos Aires en nuestra ciudad cuando existen fiestas y festivales con mucha hambre y mucho espíritu under. Tampoco entregarse a lugares regentados por productoras empresariales que precarizan el trabajo del artista regateando con el dinero, o que desconocen pagos, etc. Esto y muchas cosas, pero en resumen no entregarse a la resignación y seguir apostando a que este tipo de situaciones se puedan revertir y que en un futuro se revitalicen los 1518 que hoy vemos desparecer.

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