La esquina del agote I

Ah, no estás activando nada.

Y no amigo, no estoy activando nada, no encuentro esa palanquita -cada vez soy más una máquina- para apretar y click, activar porque cada vez que la busco, pum, apuntes, pum, juntada, pum, algo que se cae, se rompe y hay que juntar esos ceros y uno, y cuando abro el libro, pum, cae Ema, como ahora, cae Ema y una Quilmes, y una servilleta, y un puedo pasar al baño, puedo pasar al baño, puedo pasar al baño, cada vez cada menos tiempo porque ya casi no le dura el efecto de eso que compra. Ah pero yo sé, cuando pasa el de ojos caídos y gorra con la bici, mira por las ventanas y no lo ve y me mira a mí como con miedo, como diciendo espero que no sepa, ah pero yo sé, y cuando lo encuentra y se van y después cada dos minutos: puedo pasar al baño y pasá chabón, pasá pero pasa tranqui, no te desmayes como cuando te salía sangre de la nariz, dejame leer algo antes de que alguien venga a comprar cigarrillos.

Hoy, amigo, me dijiste eso antes de venir y no me lo pude sacar de la cabeza. Lo malo de tomar mate es esa ¿cafeína? no sé, ni idea, eso que tiene el mate que siempre me deja tensa, acelerada y con los pensamientos corriendo una maratón. Y caminé media hs hasta llegar acá pensando en eso. Y llegué y el olor del agua para panchos, de los chicos después de una mañana de escuela, de los hombres que se toman una cerveza después de trabajar y la mugre habitual que desata los aromas que están retenidos de otros días no me dejaron olvidar lo que me habías dicho. Ni lavar los vasos, ni limpiar la panchera, ni reponer cigarrillos, ni barrer, ni mancharme las manos con anda a saber qué, ni pasar el trapo. NADA. Porque desde que estoy acá, desde que decidí (¿o decidió la economía por mí?) volver a trabajar, no estoy activando nada. Ya no sé qué me gusta, ya no toco la guitarra, ya no canto, ya no escribo, leo porque tengo parciales y porque hay hábitos más fuertes que una. Pasé la línea de peso, al fín puedo donar sangre pero probablemente no lo voy a hacer porque me da terror (egoísta, egoísta, egoísta), pasé la línea de peso porque acá, sentada sobre esta banqueta, aburrida, pasando por las redes que tengo (Facebook, Instagram, Twitter, actualizar), la ansiedad de ver que el tiempo pase y que nada pasa me hace comer pura chatarra. Un alfajor, un pancho, un paquete de papitas, uh mirá ese chocolate y mientras, se van sentándose los clientes, van ocupando los mismos lugares que ayer, todos los días un poco más viejos, más borrachos, más desganados, más acostumbrados y yo me pregunto, con miedo, si no me estarán contagiando.

Compartí en las redes!

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on whatsapp