La miseria y el coronavirus

Ilustración: Bleus

Noche del 17 de marzo, Rosario.

Un solo caso positivo de Covid-19 hasta la fecha

Ya pasaron dos días del domingo 15 en el que Alberto Fernández anunció las primeras medidas en contra de la propagación del coronavirus. A partir de esta conferencia, la Argentina entró en una transición a una cuarentena, o más precisamente recibimos desde la presidencia la confirmación de todas las especulaciones que se venían barajando desde los medios y en las conversaciones día a día. “Es una pelea con un ejército invisible”, dice el presidente insistiéndole al país que colabore con las medidas de higiene y esté atento a las futuras resoluciones y decretos. Por suerte, las personas mayores de 60, el foco nocivo de esta nueva gripe, fueron liberadas de sus obligaciones laborales y se recomienda que las empresas habiliten el trabajo desde el hogar. El objetivo es evitar la circulación excesiva de las personas en la calle para poder disminuir las posibilidades de propagación de esta nueva gripe. Digo excesiva, porque de ninguna forma se puede llegar a proponer o decretar un parate total de la actividad económica con la actual situación del país. En todo caso, las medidas de otros países comenzaban a hacer eco en nuestras vidas. Ya los días anteriores, se habían cancelado los eventos multitudinarios y, a nivel local, nuestros bares culturales, siempre en la mira, fueron los primeros en cerrar sus puertas. Si no es por una cosa, siempre aparece otro golpe directo a nuestra actividad cultural. El sábado pasado, en el Club 1518 se iba a dar un cruce entre el colectivo Núcleo y el Mug para hablar justamente de las condiciones deplorables que el municipio brinda a nuestros espacios, pero hoy nos ocupamos de otros asuntos.

El lunes 16 a las ocho y medía me tomé un colectivo directo a zona norte, a la avenida Casiano Casas, calle donde me cri´é y actualmente trabajo. Lamentablemente, un vendedor no puede autorizar el trabajo a distancia. En la esquina estaba, como siempre, Néstor, un hombre en situación de calle. Nos saludamos como casi todas las mañanas desde que se mudó bajo el insignificante techo que le da La Gallega de Catarmarca y Paraguay. En el borde del hipermercado tiene sus pertenencias, muebles que vende o le roban, su ropa en bolsos y diversas pertenencias en bolsas. Nunca sabés qué te podés encontrar. Tiempo atrás, por ejemplo, me ofreció una heladera que le habían dejado ahí. Ese día me saluda como siempre, habitando en lo que para mí es la esquina donde tomo el colectivo y lo que para él es su casa ¿Qué cuarentena puede hacer Néstor? Antes conversábamos más y me contaba que se iba a bañar en un hogar en Granadero Baigorria, una vez me dejó helado sacando un recorte de Micaela García, del Diario La Capital y diciendo teorías que no pienso repetir, propias de una persona olvidada y seguramente esquizofrénica. Pero a pesar de sus delirios, es asistido por personas que le alcanzan un taper con comida casera o le dejan algún alimento. A pesar de sus delirios, es muy educado y no deja basura en la vereda que ocupa. Día por medio barre la cuadra ¿Qué cuarentena puede hacer Néstor? Y no solo él sino las miles de personas que están en situación de calle en nuestra ciudad. No sería erróneo pensar que la mayoría verá a los indigentes como los principales actores de contagio. Es obvio que esto provocará más marginalización, por ende, ese taper con comida puede que aparezca menos. Néstor vive en cuarentena en su casa sin puertas ni abrigo desde que lo conozco. Nunca deja sus cosas solas por miedo a que se las roben. Lo volví a ver hoy antes que se largara la interminable lluvia y apareció a su lado un escritorio blanco y agrietado con dos o tres plantas en macetas de plástico quietas en su superficie. Estaba barriendo.

Este tipo de pandemias muestra la cara más inquietante de nuestro espectro social. Las góndolas empiezan a vaciarse, la violencia y la desesperación empiezan a tomar forma en nuestro discurso, y también en nuestros actos. Interesante es el caso del hombre que golpeó a un guardia que le advertía que no estaba cumpliendo con la cuarentena obligatoria al haber vuelto recientemente l país. Ante la posibilidad de cuidar a lxs otrxs, la violencia del hombre se presenta como respuesta desconsiderada. Una clara muestra de individualismo y de machismo. Por otro lado, en la conferencia del domingo, el presidente advirtió el aprovechamiento por parte de los empresarios que juegan con la suba de precio en los elementos de primera necesidad. Ante la amenaza de la epidemia, otras plagas como la violencia y el oportunismo, reflotan sin ambigüedades. Un recuerdo de nuestra mortalidad, nos torna del sentimiento de bienestar al desgarrador pánico, pero también despierta una inconsciencia colectiva en fervor de un peligroso individualismo.

Sin embargo, no es lo mismo en todos lados. Si en El Matadero de Echeverría el peligro se abalanzaba desde las afueras hacia el centro de la ciudad, en la actualidad, un par de siglos más tarde, se da el caso contrario. Al llegar al barrio, me encuentro con una ausencia. Peña, el croto de la cuadra, murió de una cirrosis el fin de semana pasado tras haber sido llevado a una guardia. La noticia vino acompañada de un “la hizo bien y se murió antes de que lo agarre la epidemia”, comentario cínico si lo hay. El resto de vecinxs siguen haciendo su vida como pueden. Afectadxs por las apocalípticas palabras de los medios, eso sí, pero vienen al negocio, compran libros para colorear y lápices de colores para entretener a los más chicos; o aprovechan para seguir completando la lista de útiles que no pudieron comprar antes, entre otras cosas. El vacío de las calles se produce más que nada por la falta de clases, y por otra parte el resguardo. A muchxs no les quedó otra que salir, seguir con su trabajo y/o abrir su comercio. La primera clienta que atendí fue una anciana que lo primero que hizo fue toser y llevarse las dos manos a la cara. Hoy decidí limpiar los mostradores rociando lavandina con un pulverizador y pasando un trapo de ballerina mojado. Como si fuera una comedía, al rato vino una persona y estornudó por todos lados por el olor a cloro. En el negocio no hay mucha ventilación y el continuo manejo de plata nos hace recurrir al tan codiciado alcohol en gel. Tomamos los recaudos que podemos. Mis clientes, por su parte, se notan resignadxs, están más preocupadxs por la plata y en cómo barajar lo poco que hay en el bolsillo para poder mandar a lxs chicxs al colegio cuando se retomen las clases. Muchxs faltaron los primeros días por no tener ni para escribir ¿Qué lugar ocupa el coronavirus en sus vidas? Una preocupación más que no pueden alcanzar a solucionar. El año pasado, hubo recortes de agua por mantenimiento y la higiene disminuyó. Cada vez que hago una tarjeta de crédito me sorprende que gente que comparta mi edad (hasta es más chica que yo) parezca mucho más grande, más avejentada. El único caso que dio positivo en la ciudad proviene de una persona que volvió de un viaje a Inglaterra. No creo que sea de Casiano Casas. En cambio, en el barrio se ven más casos de dengue, epidemia eclipsada por no haber cruzado el océano, pero aún continúa afectando a las familias de la ciudad, sobre todo en los sectores más vulnerados.

Entonces, nosotrxs, quienes podemos llegar a leer estas líneas en la comodidad de nuestras casas, con acceso a una red de internet, con todos los servicios esenciales en nuestro haber y sin la preocupación real de cómo asegurar nuestro sustento ¿no deberíamos sentirnos más tranquilxs y quizás jugar con la idea de tranquilizar a las personas que realmente están en factor de riesgo? Ojo, que la tranquilidad no sirva para el descuido y la irresponsabilidad sino para poder calmar la paranoia que se respira en el centro de la ciudad y alrededores. La paranoia implica violencia y desconfianza pudiendo éstas generar hostilidad hacia lxs que menos se la merecen. Mientras tanto es cuestión de seguir las recomendaciones de prevención que están publicadas en la web del Ministerio de Salud y hacer correr la voz, comunicarlas en la medida de lo posible, porque la información y el acceso a ella puede ser percibida como una obviedad pero para muchxs no. Un gesto colectivo más que necesario en un presente donde la pobreza se resiente más que nunca. También evitar ser cómplice de gente que no hace cuarentena cuando puede ser un factor de riesgo. Por más limpio que se vea una persona puede albergar el virus y traspasarlo a sus cercanos, y así sucesivamente.

Mientras tanto, lxs que pueden quedarse en su casa y no exponerse a multitudes que lo hagan. Por más difícil que sea no poder juntarse con los afectos, es necesaria la reclusión en la medida de lo posible, en especial en lugares públicos como bares y clubes. Ante cualquier síntoma, llamar al 0800-222-1002  y sacarse las dudas. Y sí este virus tendencia nos hace tomar medidas de salud que quizás no contemplábamos en otro momento quizás es hora de hacer un acto de humildad y estar atentos no solo al coronavirus, sino también al dengue y a las gripes “normales”. Porque el coronavirus no dista de una gripe como las que conocemos. Por año son muchxs lxs ancianxs que mueren por gripe, la “novedad” es la propagación inmediata que tuvo el coronavirus por todo el mundo, aunque ya hemos vivido cosas similares con el H1N1 y seguimos acá todavía. Por suerte al cierre de esta nota, se sabe que ya las farmacéuticas están trabajando en una vacuna, aunque es un proceso lento. Espero que la solución no sea tan lenta como el choque de neuronas de la gente que organiza una pool party en plena cuarentena. En fin, invitamos a la tranquilidad y a reflexionar sobre el poder que nos dan nuestros privilegios. Hay miserias que no se pueden contener, algunas como estas solo se puede llegar a intentar reducir daños, pero otras solo dependen de nuestros actos.

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