Menos mal que existe YouTube: viendo películas de Sandro en Cuarentena

Escribe: Florencia Giusti

El encierro me encontró viendo de nuevo las películas de Sandro, las mismas que miraba los sábados de invierno aburrida de chica. Siempre te amaré (Leo Fleider, 1971) siempre fue mi favorita: un corredor de autos vanidoso se queda ciego y se enamora de su enfermera.

Fernando es un automovilista exitoso de una importante escudería “ Esta profesión es para hombres enteros”—dice desafiando a uno de sus competidores— . La competencia masculina, por supuesto, no es solo por ser el mejor corredor de autos, sino que entra en el combo tener éxito con las mujeres. Quien es el mejor en la pista, es el mejor en la vida “Esta carrera, la gano yo” le dice Raúl a Fernando, uno de sus compañeros refiriéndose a una de las mujeres que lo acompaña.
El Fernando corredor es quien dirige entre su grupo de pares la disponibilidad sexual de las mujeres que los rodean. También a Enzo Minelli, su inflexible jefe que parece no caer en los encantos del protagonista.

¿Qué nos queda de toda esta moralina, sexual y atractiva?

Sandro sigue fascinando a generaciones posteriores. A través del llamado “consumo irónico” con el que nos escudamos los menos de 30 para alivianar el peso de nuestras elecciones cursis. “Siempre te amaré” es una de las tantas películas que Crónica TV pasaba en las tardes de los años 90 y que yo veía embelesada en mi adolescencia junto a mi madre y mi abuela. Ahora que el aislamiento social obligatorio me dio un motivo este fin de semana para seguir indagando sobre algunas prácticas ¿irónicas? ¿ridículas? ¿históricas? que me hacen reflexionar sobre los galanes argentinos de los 70.
Fernando es un anti héroe sexual melodramático de manual: es pobre, bruto y agresivo. No quiere enamorarse y juega todo el tiempo con el deseo incontenible de todas las mujeres que lo rodean. Como Julia, mujer madura, separada y rica a la que no le llaman la atención los tipos como Fernando pero cae en los encantos del exitoso deportista apenas baja la guardia. Todo se cae como un jenga cuando Fernando se fija en Julia, amante del jefe. Enzo Minelli le deja pasar que sube a un inexperto en uno de sus autos de carrera y casi produce un accidente. Inclusive que su propia hija esté saliendo con Fernando a pesar de que está con otras y que coquetea con su amante. Pero no duda cuando le advierte a Fernando que se aleje de Julia y que esta será su única y última advertencia.
Ante esto, Fernando pierde la confianza del dueño de la escudería y lo corre de lugar. Esto produce un accidente que lo deja sin visión y paralitico psicológico. Acá el melodrama hace de las suyas y convierte a Sandro y a Fernando en un aburrido ser casto y religioso. Está recluido en una especie de convento de rehabilitación con hermanas cristianas que lo ayudan en su conversión.
A Sandro en esta parte de la película le han sacado su atributo más preciado : sus movimientos. Se parece a un cantante de geriátrico y ya no es el disponible soltero codiciado de hace media hora. En pleno proceso de la llamada Revolución Argentina los encantos accesibles al ídolo de América se refrescan y van hacia la retórica cristiana amorosa del hombre fuerte, familiar y fiel. ¿Los motivos? El amor no es para nada mujeres separadas, ricas y divertidas para un chico de clase baja como lo es Fernando. Se debe enamorar de la más servicial de las mujeres del convento/hospital: Dolores la paciente, joven, tierna y casta muchacha que lo asiste en su recuperación.
Hasta es ella quien hace el sacrificio —sexual— de volverse novicia para que la operación de vista de Fernando con un prestigioso doctor salga bien : —“Mirá que te jugás la vida acá —“Ahora tengo motivos, quiero ver y ahora —dice Fernando—.
Fernando consigue ver pero Dolores ha desaparecido. Hasta que la madre Ortiga, madre superiora, los hace encontrarse.
El plano se abre considerablemente y desde la colina vemos la figura de Dolores : “Tú/ me miras/ yo sonrío/ pues tu mundo/ solo es mío”. Vemos a la pareja/ servidora de Fernando en voto de castidad con un traje gris de novicia :
—Dolores, ¿sos vos? ¿por qué huiste? ¿por qué estos hábitos?
—Fue una promesa, le prometí a Dios que si volvías a ver (…)
—¿Por qué?
—Porque amor es dar , es sacrificio ¿entendés?
El plano cierra enfocando a los cerros de Villa La Angostura y Dolores se despide de Fernando. Faltan menos de dos minutos en mi reproductor de YouTube y el problema más complicado del drama ¿se resuelve? ¿estarán juntos? Dolores puede seguir siendo casta aún sin sus hábitos: “Querida, consulté tu caso con su eminencia el cardenal, si lo querés a Fernando podes irte, solo estás aquí como novicia y no has hecho los votos. No olvides nunca que Dios es amor”.
Todo se resuelve en el último minuto de película. Fernando se reencuentra con Dolores pero ya se saco los hábitos y nuestro protagonista la espera en su auto gris descapotable para darle un beso y abrazarla ¿menos mal?

Compartí en las redes!

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on whatsapp