Una leyenda y una carta por Bruno Ruoppulo

Foto: Camila Comi

 

Ysyry

Cuando el sol para y las aguas brillan

Cuando el pasto cede al crepitar del fuego

Cuando se escucha el silbido al final del monte

Cuando se siente imperante el peso del hogar

Ahí aparece algunas noches el espíritu del monte, el fantasma de ysyry en la orilla del Paraná, la criatura que en noches de peña duerme a los intrusos, para en sueños recordarles el pasado de estas tierras.

Dicen que persona que escuche su canto no vuelve a pisar la ciudad, que se van lejos a buscar quien sabe que, arrastrándose al olvido de un camino incierto. Se sabe además, que el espíritu no tiene cuerpo ni forma fija, que es como una luz o como un recuerdo, un destino colectivo e inevitable que se recuesta sobre las mentes, sembrando las semillas de un futuro parco y solemne.

Es como una energía dicen, como un impulso, una ideología transmisiva que calma la conciencia como las aguas del rio amansan las ataduras y teje voluntades dispersivas que jamás quieren volver a asentarse en un lugar.

Al espíritu se le rinde culto, ritos y ofrendas, algunos toman salvia y floripondio y a la orilla cantan sus muchos nombres que no existen, y se rasgan sus vestiduras o gritan desaforados solo para atraer su despertar.

Pero el espíritu solo toca a elegidos del azar, que quien sabe cómo ni donde cedieron exaltados en un éxtasis agnóstico a la idea, al ímpetu, al punto final.

Empresas, emprendimientos, construcciones han sido frenadas por su voluntad, trabajadores han soltado sus herramientas, y los capataces nunca se dejaron volver a ver por estos montes.

Por eso es que muchos no se acercan a ciertas partes del rio, donde temen enloquecer y abandonar a sus familias, ser víctimas del deseo de emprender un brumoso peregrinaje donde el espíritu de su tierra les marque el paso, los guie hacia él displicente destino que les espera en el horizonte más allá de estas llanuras.

No es un monstruo ni un mito, es solamente una parte más de todos nosotros, una cara que aparece en las horas muertas de la ciudad.

Cuando el sol para y las aguas brillan

Cuando el pasto cede al crepitar del fuego

Cuando se escucha el silbido al final del monte

Cuando se siente imperante el peso del hogar

 

Carta anónima al ser que se esconde detrás del paso del tiempo

Me acuerdo de tu cara llena de tierra, de cómo escondías los puchos, de las botellas de vidrio, las mañanas grises y las manchas de humedad
Me acuerdo de tu amistad y si, de tu sonrisa, me acuerdo de la promesa del infinito al alcance de la mano
Me acuerdo de las ganas, te acordas? de querer salir de donde seguimos parados
Me acuerdo de los abrazos, de la locura, de querer pertenecer, si, pero no como los otros
Me acuerdo de la rebeldía, las capuchas y las miradas torvas, me acuerdo amigo de que fuimos renegados del barro.
Como pájaros sin nido
Como raíz en pavimento
Como un cuento épico, ajeno
Y lo irónico, lo que me provoco tanto pánico, fue llegar a la ciudad y chocarme con lo que vos ya habías visto.
Renegados hay por todas partes, lo épico se vende en cada esquina y el verdadero problema no es adaptarse..
Pertenecer no cuesta, si no aceptar que nunca fuimos especiales y que nunca pero nunca estuvimos solos
Fue lo mejor que nos podría haber pasado
Ahora recuerdo y nos miro, caminando por calles empapeladas llenas de pasos y ruidos, todas las sombras de la ciudad.
Que locura
Intento revivir cada instante, cada detalle de nosotros prematuramente humanos, abrasados, como una mano aferrada al hierro candente de la imbecilidad.
Pienso en tus ideas, en las calles, en los laberintos y en Borges, pienso en un túnel oscuro y retorcido en mis entrañas, pidiéndome que fuera más rápido, más lejos, mas fuerte, que vea lo inabarcable de mi libertad.
Como una piedra en llamas.
Como un tiro en la oscuridad
Como palabra de beodo, certera
Nuestros pasos de borracho ya no resuenan por las calles, nuestros cuentos de terror ya no acechan en las esquinas de la ciudad.
En vez de eso veo juegos nuevos, otras reglas, movimientos que ya estoy muy viejo para descifrar
Total de que me iban a servir?
Capas es la nostalgia hablando amigo pero, no pensas que algo de nosotros quedo atrapado en esos tiempos?
No pensas en nuestras siluetas enmarcadas en un callejón oscuro?
O quizás en ecos de risas y poesías, cantos y llantos en el cielo raso de algún bar
Me estaré volviendo loco o veo nuestras caras en cada vidriera? En cada momento que alguien sube a un escenario y se pone a tocar una balada o algo similar?
Pienso amigo que al fondo de un vaso, o caminando por el parque algún día nos voy a ver, alumbrados, desplazados, poseídos por la sensación que por primera vez en nuestras vidas entendíamos que tan grande puede ser un lugar.

Compartí en las redes!

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on whatsapp