Notas sobre Surinam por Mauro Socoró

Parte I. Esbozo – Testimonio

Pero, pronto, como lo sabían y esperaban, llegaron las tropas del ejército, enviadas con toda urgencia, y la más brutal represión trató de borrar hasta el recuerdo de lo acontecido. Centenares de indios fueron muertos, mientras sus chozas quedaban reducidas a humeantes escombros, y sus mujeres violadas. Fue, a su vez, otra orgía de destrucción y de sangre. Una más que se unía a las muchas que, a lo largo de centurias, los indios habían soportado.

extrayendo la riqueza de un mineral que, según algunos decían, sólo dejaba en Bolivia agujeros en los cerros y en los pulmones de los hombres.

Masas y balas, Lobodón Garra (Liborio Justo)

Latinoamérica: quiero conocerla. Tiene nuestros mismos problemas.

José Rucci, 1970

¿Encontraremos algo más que la confirmación de lo que nos hicieron hace siglos, lo que nos vienen haciendo hace siglos? ¿Tenemos tiempo para eso?

Bajo la lluvia ajena (Notas al pie de una derrota), Juan Gelman

La vieja idea, la realidad. La historia de Nuestra América podría escribirse sobre la historia de las materias primas (y de la tierra, por supuesto) que se han explotado y que aún hoy se explotan por aquí. Sobre ellas se articula el derrotero del sometimiento – de ellas nacen nuestros ríos de sangre. El árbol de caucho derrama sangre, las minerías se ahogan en sangre. El continente se mutila en guerras ajenas como la Guerra del Chaco, la Guerra del Pacífico, la Guerra de la Triple Infamia; en dictaduras de sangre orquestadas desde afuera y realizadas por mano interna; en gobiernos flojos y traidores, en golpes blandos, el lawfare, el narcotráfico, el hambre y la miseria, la quema de tierras, la trata de personas… Latinoamérica es sangre desde siempre y desde la sangre se la debe pensar.

¿Qué es un mineral? Los minerales deshacen la imaginería soberana de nuestro continente, generando regiones de explotación y pisoteando nuestros límites territoriales. En el mapa del capital transnacional somos zonas de extracción, y en la partida de ajedrez mundial se juega nuestra vida sin que tengamos allí manos genuinas para mover siquiera un peón. Estamos solos en nuestra tierra, conviviendo con propios que, agrupados en minorías, se relamen las garras buscando la hora del cipayo zarpazo miserable. Vaya si no es una historia vieja, pero es que en las filas del enemigo también se cuenta la amnesia, que todo lo puede, y entonces notamos que vivimos siempre de cero, aprendiendo y olvidando una y otra vez.

La parte por el todo. Surinam es un pequeño país ubicado en el norte de Sudamérica. Es una nación “reciente” ya que nace en 1975 al romper formalmente sus vínculos coloniales con Holanda. 1975 es un año importante, sí, pero por cuestiones más profundas que el mero dato anecdótico y la periodización inicial. De todas maneras, quisiera limitar mi reflexión, por el momento, a la idea mencionada en el primer párrafo para proyectar una manera diferente de considerar el asunto. Quitémosle, digo, el protagonismo a las fechas y echémosle la luz a la bauxita, el mineral maldito de esta historia.

Conversar – Construir. Transcribo algunos fragmentos de una conversación que tuve con un surinamés, cuya identidad pidió que fuera reservada (los incrédulos pueden pedirme el archivo). No es un diálogo profesional, circunstancia que no desmerece, como podrá observarse a continuación, la opinión asentada e informada que posee el entrevistado y que con mucho gusto y amabilidad me transmitió. Hablamos en inglés, de modo que lo que sigue es traducción mía.

Mauro: … ¿y qué me decís de la industria de la bauxita?

Surinamés: Bueno, eso está muerto desde 2015. Se trata de un “paciente en coma” que se mantuvo vivo desde el año 2000 más o menos. En enero de este año [2020], Alcoa [una de las empresas dedicadas a la explotación de la bauxita] y su empresa subsidiaria, Suralco, de origen surinamés, se retiraron de manera oficial de nuestro país.

En principio, puedo decirte que la industria de la bauxita fue, durante mucho tiempo, el motor de nuestra economía, desde 1910 aproximadamente. Los yankees, principales dueños de este negocio, construyeron pueblos, rutas y puestos de trabajo alrededor de la industria. Suralco, por su parte, se encargó de crear la ruta este-oeste que articula todo el territorio de Surinam. De allí también surgió el proyecto para crear el aeropuerto internacional. De esta manera se integró el interior del país en la economía nacional, con la bauxita como eje articulador. Digamos que Alcoa, para resumir, le dio forma a este país durante más de 100 años.

Ahora bien, durante los 90, Surinam se transformó en el subsidiario directo de Suralco (pagábamos más impuestos de electricidad que los estipulados en los acuerdos firmados en los 60). Fruto de las presiones, el gobierno de Surinam terminó firmando acuerdos para darle estatuto legal a esa transformación. Las consecuencias fueron obvias… le aportábamos a Alcoa/Suralco más de lo que obteníamos de ellos a través de impuestos e incentivos.

La producción se detuvo en 2015 y, entre el 2018 y 2019, el gobierno negoció para que la presa hidroeléctrica se nacionalizara. Ese negociado, sin embargo, dañó nuestra economía, metiéndonos en un proceso de recesión que aún hoy padecemos.

M: Suralco… Tenía entendido que eran dos las empresas que se encargaban, de manera exclusiva, de la explotación de la bauxita, Alcoa y Billiton, ambas norteamericanas.

S: Billiton era holandesa y era una empresa mucho más chica que Alcoa. Se retiró de nuestro país en 2007, creo. Querían que las reservas de bauxita quedaran únicamente en depósitos europeos, pero el Gobierno no aceptó esa condición e impuso que debían compartirlos con Alcoa. Billiton no quiso y resolvió retirarse del país. Los dueños holandeses, tiempo después, la vendieron a capitales sudafricanos.

M: Gracias por la corrección. Pasemos a otro punto. ¿Qué me decís de la influencia yankee en tu país? Me refiero a la injerencia imperial en la política nacional de Surinam. ¿Y qué opinión tiene la gente sobre Estados Unidos?

S: Bueno, para responder esa pregunta hay que considerar también la influencia holandesa. La cultura holandesa está más presente en la vida pública de Surinam que la yankee. Acá no se mira tanto a Estados Unidos, más bien miramos más a Holanda. Fuera de la coyuntura COVID-19, tenemos dos y a veces hasta tres vuelos diarios a Holanda, ofrecidos por distintas aerolíneas (una surinamesa y dos holandesas). La gente prefiere viajar ahí, no a EEUU, lo cual se traduce en la oferta de viajes para Norteamérica: hay únicamente tres por semana. Nuestro sistema educativo, por otra parte, imita el modelo holandés, ofreciendo únicamente variaciones en las materias de Historia y Geografía. Creo que conservamos lazos culturales profundos con Holanda, a pesar de que muchos de mis compatriotas no lo noten o no sean conscientes de ello.

En cuanto a la vida política, la influencia es más heterogénea. Históricamente, nuestro vínculo con Holanda siempre fue fuerte, aunque en los últimos diez años la relación con ellos se tensó. Sucedió que no les gustaba el gobierno de turno y, a su vez, el gobierno tampoco les guardaba simpatía. Hoy te digo que, según veo, esa tensión dio pie a que los surinameses comenzaran a soltar esa fuerte influencia cultural y política, tan tenaz hasta entonces.

M: ¿Sí? ¿Podrías hablarme acerca de ese conflicto?

S: Al comienzo, parecía que los holandeses no se preocupaban por quien estaba en el gobierno. Pero, en realidad, fueron acorralándolo poco a poco mediante un saboteo económico. ¿Qué pasaba? Bueno, básicamente querían la renuncia de todo el gabinete y que asumiera un gobierno que respondiera a sus intereses.

En mayo de 2020, los holandeses vieron realizados sus anhelos con la asunción de un nuevo gobierno. En Holanda había un gran apuro por reanudar su vínculo con nosotros. Pero, y aunque la relación parezca profesional, el Ministro de Relaciones Exteriores de Holanda declaró que las ayudas para el desarrollo de Surinam no seguirán funcionando, concluyendo un largo capítulo de la historia de la “colaboración mutua” y dando comienzo a un nuevo tramo. En realidad, lo que quieren es hacer negocios sin perder un solo centavo, de lo contrario las “tensiones” volverán. Y, entre tanto, nos vimos obligados a recurrir al FMI y a otras entidades financieras similares.

M: ¿Qué creés que produjo esa tensión?

S: La administración que se enemistó con Holanda generó vínculos y acercamientos con países como China, Rusia, Venezuela, etc. Después, cuando el nuevo gobierno asumió, los yankees llegaron enseguida con propuestas para realizar negocios, demostrando gran simpatía por la nueva gestión. ¡Hasta Mike Pompeo vino! Siempre estuvieron pendientes de nuestra vida política, según dijeron, y llegaron a admitir que tenían diferencias con el gobierno anterior. Su actitud es la de “puros observadores”, siempre y cuando el gobierno de turno no toque sus intereses. Por supuesto que, según se dice por ahí, desde el detrás de escena ellos operan y ejercen su influencia en nuestra vida política.

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