Las hermanas, un cuento de Luna Corvalán

La miró a Tere que estaba sentada al lado del fuego. Cuando pensó en acercarse, desde afuera, la perra soltó un aullido. Tan triste, pensó Ceci, que solo quiso arrimarse a la chimenea, abrazar a su hermana y llorar con ella. Pero sabía que no podía, no podría arrimarse a Tere con la soltura de siempre y pretender un abrazo, esas cosas se ganan nunca se mendigan, como siempre dice la abuela. Y aparte, el rechazo de Tere iba a ser terrible, seguro que ni la miraba, iban a ser unas ganas de llorar incontenibles y encima en el abandono, en el destierro. Ceci creyó que lo mejor era quedarse quieta, por lo menos por un rato, y pensó en la perra. No sabía su nombre, no se lo había preguntado a doña Coca. Pero sí le había preguntado por el perro, un perro tan lindo, grandote, y malo, dijo doña Coca, el Chocolate. ¿A vos te gusta el chocolate? Sí, a quién no, respondió Ceci y se encogió de hombros. En ese momento empezó a desconfiar un poco de doña Coca, que la miraba con los ojos oscuros y las manos anchas. Qué era esa pregunta, a todas las nenas les gusta el chocolate. Y aparte el perro tenía unos ojos de bueno, pensó Ceci. Doña Coca no le caía mal, solo le molestaba que todo el tiempo estuviera revoloteando en la casa. No sabía cómo su papá no le decía, señora Coca usted es muy amable pero debe irse antes de que a mi hija le agarre un ataque de honestidad. O  también podía decirle que Tere estaba descompuesta en el cuarto y tenía que encargarse de ella. Pero claro, ahí doña Coca la agarraría a Adriana y ella siempre era muy respetuosa, pero cuando Coca se iba, liberaba un suspiro de alivio y le dirigía una mirada cómplice a Ceci que ella respondía bajando los ojos, subiendo las cejas y haciéndose la desentendida. Adriana tampoco le caía mal, es más, a veces hasta se sentía un poco tonta después de ignorarla deliberadamente, así como Tere ahora hacía con ella. Pero después de todo era lo que tenía que hacer y todo esto era culpa suya y no de Ceci, ni de Tere.

Dreadnought: La historia escrita en un bar.

Hay quienes dicen que para creer se necesita fé. Otros, que se necesita una mente maestra que sea capaz de engañar. Y otros, que sólo hace falta gente dispuesta a ser engañada. El engaño que se relata a continuación existió y tuvo lugar en Londres en 1905. Como no hay datos certeros de los hechos, tomé los que había y decidí inventarme el resto por el simple capricho de demostrar que no siempre ganan los poderosos, que la historia también la pueden escribir los olvidados y que los vacíos se imaginan y se llenan con lo que uno quiere.

El Andamio de Emma Barrandéguy -Reseña-

   Emma Barrandéguy nace el 8 de marzo de 1914 (apenas esa fecha se empezaba a nombrar como Día Internacional de la Mujer), recorrerá su infancia y adolescencia en Gualeguay, provincia de Entre Ríos. Empapada de curiosidad y descubriendo la rebeldía, ahondará en los libros desde muy pequeña, construyendo así una mujer militante en un contexto donde las discusiones del feminismo estaban forzadas a mantenerse en silencio.

Uma pérola en el centro de mis piernas, una reseña

Paola Santi Kremer: geografía trazada en la poesía

La poesía de Paola Santi Kremer se concibe entre dos geografías y entre dos lenguas, al igual que la autora. De madre argentina y padre brasilero, nació y creció en Brasil hasta 2014 que comenzó a estudiar literatura argentina en nuestra ciudad. Lejos de ignorar estos dos cauces que componen su identidad, Paola los convierte en poesía. Uma pérola en el centro de mis piernas se divide en dos partes, en las que el español y el portugués se unen, se mezclan, se separan para crear esta poesía-geografía llena de velocidad y ritmo.