Una especie invasiva

Una corriente de data

8M

Fotografía: Candela Maldonado

Hoy, ocho de marzo, se conmemora un nuevo Día Internacional de la mujer. El primer ocho de marzo se proclamó en 1910 en Copenhague, Dinamarca, en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, a partir de la propuesta de Clara Zetkin, luchadora por los derechos de la mujer dentro del Partido Socialdemócrata y luego Comunista de Alemania. En esos días, las mujeres demandaban el sufragio universal, acceso a la educación, mismas condiciones laborales y otros reclamos que, por ejemplo, si leemos la primera tesis doctoral de Argentina, “El movimiento feminista” escrita por Elvira López en 1901, siguen siendo actuales, siguen estando en nuestras banderas.  Hemos alcanzado algunos derechos pero estamos lejos de la igualdad. En lo que va del 2019 (67 días) hubo 43 femicidios solamente en Argentina; las mujeres seguimos siendo las más perjudicadas ante las crisis económicas; el trabajo reproductivo y de cuidado está lejos de ser equitativo entre los géneros y más lejos aún de ser remunerado; seguimos siendo minoría en los ámbitos públicos (política, cultura, medios de comunicación, mercado laboral formal). Por eso la lucha sigue, por eso este 8 de marzo todas las mujeres, lesbianas, travestis y trans marchamos, por eso este 8 de marzo en un contexto de profunda crisis económica, en la que las centrales obreras dirigidas por varones no actúan a favor de lxs trabajadorxs, somos nosotras las que por tercer año consecutivo ponemos el cuerpo y paramos.

Presentación “Gorda Vanidosa” de Lux Moreno

Camalote estuvo presente en la presentación del libro Gorda vanidosa de Lux Moreno en el Centro Cultural Qué te pasa. El evento fue organizado por Male Oneglia junto a Arde libros, librería rosarina especializada en feminismo ubicada en Sarmiento 783 local 13. Contó con la presencia de la autora, que brindó previamente un taller de activismo gordx, la periodista Sonia Tessa y la militante feminista Pichu Escalante. En una charla distendida, nos contaron impresiones de lectura, ideas, preguntas y cuestionamientos que se generaron a partir del libro.

Sonia Tessa fue la primera en tomar la palabra. Desde su lugar de periodista, considera que es su labor dialogar de forma crítica con el sentido común. Así, el sentido común de la gordura, instalado y replicado en las imágenes, frases, mercado de este neoliberalismo magro es una discusión a atender, para problematizar pero también darle voz a otros discursos acallados, como el de activismo gordx. Sonia valora que el libro esté escrito como ensayo autobiográfico porque nos permite leer cómo los dispositivos de control y opresión hacen mella en la autora y cómo desde su posición contrahegemónica busca desmontar los discursos relacionados a la autoestima, la salud y el ejercicio, entre otros tópicos, para señalar el sistema de control hacia los cuerpos.

Así, el libro va cuestionando todo, incluso la visibilidad misma, al ser los cuerpos gordos invisibles para el deseo pero visibles para la condena y necesarios para darles valor a los cuerpos flacos: “El deseo se construye en esta red de necesidades que instala la lógica del consumo y hace de nuestros cuerpos un espectáculo. Es decir, nuestras relaciones sociales se han mercantilizado de tal modo que ya no se trata de ver quién es el otro que tenemos enfrente sino de clasificarlo por medio de distintos prejuicios” (cita de Gorda vanidosa). Como manual de estrategias, Sonia Tessa nos invita a leer este libro en búsqueda de los nuevos sentidos que aparecen cuando se cuestiona el sentido común.

Pichu Escalante también valora ese ida y vuelta de la experiencia personal con sistematizaciones teóricas en el que se construye el libro, ya que permite que las discusiones sean accesibles sin hacer de su experiencia algo totalizante. Gorda vanidosa es un libro militante, no se oculta bajo la neutralidad sino que se posiciona desde un lugar explícito. Desde allí cuestiona, problematiza, como es en el caso de la militancia a partir de eslogans cerrados, que construye ficcionalidades que permiten una masivización de las luchas pero luego dificulta la discusión de las mismas.

En su presentación, Lux Moreno nos cuenta porqué su cuerpo actualmente no es el cuerpo gordo con el que escribió el libro allá por diciembre del 2017, sino un cuerpo intervenido con un bypass gástrico y cómo esa intervención de vida o muerte le hace reflexionar acerca  del pasado y de su posicionamiento como activista gorda. Si la experiencia como gorda es una experiencia mainstream ¿qué tipo de experiencia es la vivencia en un cuerpo intervenido? ¿Debe dejar de ser parte de ese activismo a pesar de haber vivido durante 26 años en un cuerpo gordo?

Conjugándose con la discusión sobre los eslogans, Lux explicita la ficción de gorda vanidosa al señalar que una persona gorda usualmente debe resistir desde la vergüenza, mientras que en el libro ella propone resistir desde la vanidad. Así también, las ficciones se transforman en un lugar para reaccionar ante la violencia.

Por último, la autora cuestionó la analogía entre militar y el salir a la calle, analogía capacitista que deja de lado a todas las personas con movilidad reducida, niñxs y enfermxs a su cuidado, trabajos informales. Lux propuso no tener miedo a revisar los privilegios que nos constituyen, tener privilegios no nos hace opresorxs pero sí nos posicionan en un lugar diferente a lxs otrxs, un lugar de responsabilidad.

Gorda vanidosa salió en julio de 2018. Escrito por Lux Moreno, filósofa, gorda vanidosa y activista, usa su propia experiencia de vida para desnudar los mecanismos de discriminación que todos ejercemos cotidianamente contra la gente gorda. Editado por Editorial Paidos.

Fotografías por Arde Libros

Introducción a la economía feminista por Ivana Márquez

Ivana Márquez es estudiante avanzada de la Licenciatura en Economía en la Universidad Nacional de Rosario. Se desempeñó en el año 2018 como auxiliar de investigación en el proyecto: Incorporación de los Usos de Tiempo en los Cálculos de Pobreza en la Ciudad de Rosario. Allí, junto a un grupo de docentes de Ciencias Económicas estudia una medida de pobreza de ingreso y de tiempo en Rosario. Ivana se reunió con nosotres para introducirnos a la economía feminista, contarnos en qué se diferencia de las escuelas de pensamiento económico tradicionales y por qué es tan importante que el abordaje a la economía se haga desde una perspectiva de género.

Para adentrarnos en qué consiste la economía feminista es importante que sepamos que contrasta con la escuela económica neoclásica, que es aquella que postula el libremercado propio del capitalismo, a la vez que es androcéntrica, ya que su sujeto económico es el homo economicus (hombre, blanco, heterosexual, de mediana edad). Ante este modelo, la economía feminista surge del encuentro entre desarrollos teóricos preocupados por la problemática de la equidad (la subordinación del género femenino) y el movimiento político que defiende un avance en la situación de las mujeres. Así, este cruce permite dotar a la economía de un mayor y mejor poder explicativo y, a la vez, dotar al feminismo de evidencias, herramientas y saberes.

Pensando el género como “una construcción histórica y social que asocia un conjunto de roles y valores con uno y otro sexo, implicando cierta jerarquía entre ellos, determinando lo que la sociedad considera ‘femenino’ y ‘masculino’” (Bakker), distinguimos entre dos marcos que tienen en cuenta esta variable: la economía con perspectiva de género y la economía feminista. Pero mientras que la primera, aunque visibiliza las diferencias existentes entre ambos géneros, las piensa no como producto de la racionalidad económica sino como producto de la construcción social y cultural de las relaciones de género. De esta forma, considera al género como una construcción ideológica que impacta en la economía pero que no parte de ella, aspirando a realizar una buena ciencia no manchada por la política.

En cambio, la economía feminista tiene la voluntad de transformar las situaciones de inequidad de género. No sólo hace énfasis en la relevancia de las relaciones de género para entender la posición económica subordinada de las mujeres sino que genera conocimiento para la transformación de esta situación. Además, denuncia el sesgo androcéntrico de la Escuela Neoclásica, ya que al atribuirle como universales características de un ser humano en particular (ser varón, blanco, adulto, heterosexual, sano), deja afuera del estudio económico a lxs negrxs, latinxs, inmigrantes, niñxs, discapacitadxs, adultxs mayores, a las mujeres y disidencias. Esta mirada androcéntrica brinda una representación irreal del mundo y resulta irrelevante para cualquier acción de política pública, llegando a profundizar los problemas que intenta resolver.

La economía feminista se ubica en el campo de la economía heterodoxa porque cuando se tratan los problemas en inequidad de género con los supuestos ortodoxos, no se pueden explicar los fenómenos sino que, por el contrario, la ortodoxia justifica las desigualdades existentes, como podemos ver en el caso de la Nueva Economía del Hogar. Esta teoría presenta una perspectiva armoniosa del hogar en la que todos sus miembros participan en el mundo laboral, se distribuye el trabajo no remunerado al interior (trabajo doméstico y de cuidados en el hogar), y se maximiza la utilidad conjunta de sus miembros (aquel miembro que gana mayor salario trabaja fuera del hogar y aquel que no, se ocupa de los trabajos domésticos). Ante esto, la economía feminista plantea que la economía del hogar no debe pensarse desde un modelo formal de maximización sino desde un conjunto de preguntas sobre quién obtiene qué en el hogar, cómo se toman decisiones al interior de los hogares acerca de empleos, compras y tareas, cómo se atienden las necesidades de los miembros dependientes, y cómo las leyes y el contrato social influyen en estas decisiones. Los hogares no son unidades armónicas sino lugares de conflicto y negociación. La toma de decisiones y el reparto de recursos, tiempo y trabajo entre los miembros del hogar son afectados por racionalidades económicas, pero también por cuestiones culturales y relaciones de poder. En este sentido, si la contribución monetaria del hogar es ponderada socialmente como más importante que las contribuciones que no pagan (como el trabajo doméstico), entonces las mujeres y todas las personas económicamente dependientes se encuentran en una situación de desventaja que es reflejada en la distribución y control de los recursos del hogar. Aceptar que el salario representa la productividad marginal (es decir, el producto adicional que se obtiene cuando la cantidad de trabajo utilizada se incrementa en una unidad) significa desconocer los mecanismos de discriminación que aparecen en el mundo laboral, como la división sexual del trabajo. De esta forma, las mujeres con responsabilidades domésticas aceptarían un salario por debajo de su productividad.

Todo el conjunto de críticas a los supuestos del homo economicus y su forma de actuar, agregan cuestiones no presentes en la visión ortodoxa de la economía, que incluyen las percepciones subjetivas de los sujetos en la determinación de sus preferencias, pautas culturales y materiales que restringen o amplían su poder de negociación, la relevancia de las responsabilidades domésticas y las tareas de cuidado en las decisiones individuales y privadas según el trabajo y el acceso a recursos económicos.

Fuentes

Corina Rodríguez Enríquez, “Análisis económico para la equidad: los aportes de la economía feminista”: http://saberes.fcecon.unr.edu.ar/index.php/revista/article/view/31/62#id.3mk224-hjh6jl

Dossier Economistas sin fronteras Nº29: https://www.mercadosocial.net/noticias/economia-feminista-dossier-29-de-economistas-sin-fronteras-ya-disponible

Fotografía: Diego el barba