Una especie invasiva

Una corriente de data

Un tunel verde por Gisel Zingoni

Lo único que recuerdo previo al parque es que pensé que debíamos ir antes de las dos de la tarde. En vacaciones de invierno después de esa hora se llena de gente. Más con un día así: de sol y temperatura primaveral.

Emma va en el triciclo que le regalaron los abuelos para su último cumpleaños. Se detiene ante unas hojas caídas de algún árbol, levanta dos y las pone en el canasto trasero. Estoy a punto de decirle que no toque nada del piso, pero me rindo ante la imagen de futuro que me inspira mi hija entrando al túnel verde de árboles por el que se filtran algunos rayos de sol. Yo voy detrás de ella, a unos metros de distancia. La gente que corre o camina la esquiva; algunos le sonríen con ternura. Es linda mi hija: sus rulos rubios, sus ojos enormes observándolo todo y la audacia de su pequeño cuerpo de tres años.

Estar pirinola y pelearme con patovas por Milena Schilman

Pirinola: escabio, ebria, choborra. Gran término, gran.

 

La historia de mi vida en el mundillo del cachengue rosarino puede encapsularse dentro de ese título. Durante mi adolescencia, más de una vez fui echada de boliches por armar algún tipo de escándalo. En más de una ocasión fue por manifestar algo que creía injusto dentro de esos lugares, en los cuales el patriarcado y la discriminación se encuentran a la orden del día. Desde hace unos años que, salvo por cumpleaños, me alejé de ciertos sitios nefastos.

Por qué no soy trotskista

Artículo de 2017. Los comentarios en negrita son agregados a través del tiempo.

Octubre de 2018. Dos cosas han cambiado desde que escribí este artículo. Dejé de considerar al troskismo como una fuerza a la cual apoyar (por eso cambié el título y otras cosas en el artículo), e incluso estoy dejando de considerar la izquierda como algo que me albergue, aunque no me engaño que socialmente se me asigna ese rol. Haré cambios y comentarios con esta fuente a lo que sigue, para que se vea el contraste entre el texto original y lo que pienso hoy.

8M

Fotografía: Candela Maldonado

Hoy, ocho de marzo, se conmemora un nuevo Día Internacional de la mujer. El primer ocho de marzo se proclamó en 1910 en Copenhague, Dinamarca, en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, a partir de la propuesta de Clara Zetkin, luchadora por los derechos de la mujer dentro del Partido Socialdemócrata y luego Comunista de Alemania. En esos días, las mujeres demandaban el sufragio universal, acceso a la educación, mismas condiciones laborales y otros reclamos que, por ejemplo, si leemos la primera tesis doctoral de Argentina, “El movimiento feminista” escrita por Elvira López en 1901, siguen siendo actuales, siguen estando en nuestras banderas.  Hemos alcanzado algunos derechos pero estamos lejos de la igualdad. En lo que va del 2019 (67 días) hubo 43 femicidios solamente en Argentina; las mujeres seguimos siendo las más perjudicadas ante las crisis económicas; el trabajo reproductivo y de cuidado está lejos de ser equitativo entre los géneros y más lejos aún de ser remunerado; seguimos siendo minoría en los ámbitos públicos (política, cultura, medios de comunicación, mercado laboral formal). Por eso la lucha sigue, por eso este 8 de marzo todas las mujeres, lesbianas, travestis y trans marchamos, por eso este 8 de marzo en un contexto de profunda crisis económica, en la que las centrales obreras dirigidas por varones no actúan a favor de lxs trabajadorxs, somos nosotras las que por tercer año consecutivo ponemos el cuerpo y paramos.