Una especie invasiva

Una corriente de data

Pichaçao IV

IV

   Elegí publicar esta cuarta parte de la crónica en Clonazepam Libertario, en primer lugar, porque es la revista en la que trabajo como fotógrafo y conozco a la mayoría de los integrantes. En segundo lugar, porque sé el compromiso y la convicción que tienen respecto de qué tipo de periodismo hacen. No obstante, debo reconocer que al principio me resistí a la idea de publicar acá, pensaba que quizás el escuadrón podría comenzar a cazar uno a uno a los chicos del staff. Después de pensarlo durante toda una semana mientras caminaba en una zona de Chile que es hermosa, y que no puedo revelar cuál es, me di cuenta que si hubieran querido secuestrar a los chicos del staff lo habrían hecho sin ningún tipo de titubeo ni inconveniente. Entendí que si no los secuestraron en su momento, tampoco lo harían en el futuro. Al ser una revista leída por un mínimo sector de gente, pero leída en fin, el escándalo que significaría perseguir a los integrantes de un medio de comunicación sería menos manejable que la silenciosa persecución que realizan conmigo.

   No fue el único medio que me brindó su apoyo. De los cinco medios de Rosario con los que logré comunicarme sólo uno me dijo que no publicaría la crónica bajo ningún concepto. Recuerdo que un amigo me acercó a un editor de La Capital con el cual me comuniqué por teléfono y pude contarle resumidamente mi situación. Su respuesta fue negativa. Según sus palabras, La Capital no era lo mismo que Redacción Rosario, Rosario Plus, El Eslabón o El Ciudadano. La Capital debía seguir siendo mezquina y acartonada, aunque a él le pese. Nunca me voy a olvidar cuando me dijo medio en joda medio en serio “pichón de terrorista”. También me comuniqué con algunos pocos medios de Buenos Aires. Allá lo publicará Impacto, un portal de noticias nacionales que tiene un número considerable de lectores en la web. La mayoría de los medios, ni hablar de los más o menos “grandes”, ni siquiera me respondieron, y los que lo hicieron no creyeron mi historia. Pero lo más importante de todo es que esta crónica también saldrá en El Mercurio, uno de los diarios más importantes de Chile. No obstante, todavía no sé si cuando salga a la luz me censuraran o no. El editor de El Mercurio según tengo entendido no va a leer este artículo porque uno de sus ayudantes responde de cierta manera a un amigo de Alfonso y el plan es que el texto pase sin ser revisado. Mañana podré constatar si lo logramos.

   Hace tres semanas que estoy viviendo en esta nueva locación y, por suerte, me siento muy contenido. Nunca imaginé la cantidad de contactos e influencias que podía llegar a tener Alfonso. Gracias a él me escucharon en El Mercurio, también gracias a él y a un amigo suyo hoy estoy a salvo y fuera de Santiago (demás está recordar la ayuda que me brindó para ingresar al país). Donde estoy me dan techo y comida, y yo trato de dar una mano en lo que puedo. No puedo contar mucho porque el escuadrón también leerá este texto. Pero estoy bien, y creo que voy a estar mejor.

   Hoy que tengo la oportunidad de escribir un texto que en potencia será leído por más personas que las que leían mis posteos de la crónica en Facebook, y creo que es necesario recordar algunas cosas. El escuadrón anti-pichaçao es una organización paraestatal que se encarga de combatir la utilización de una técnica vandálico-artística con origen en San Pablo, la cual representa una grave amenaza para todas las ciudades que la padecen o la pueden llegar a padecer. Según sus detractores lo completamente delictivo y criminal de esta práctica reside en esa manía que tienen los pichaístas de pintar la totalidad de la superficie de los edificios, monumentos o construcciones. Lo dijimos al principio, lo que diferencia tajantemente a la pichaçao de las tags y los grafitis en general, es que la pichaçao es una práctica que consiste en pintar la totalidad del objeto seleccionado para ser intervenido, pichaçeado. Los grafitis y las tags en cambio se realizan sobre fragmentos grandes o chicos de paredes, edificios, rincones, monumentos, pero siempre sobre fragmentos. El escuadrón anti-pichaçao se encarga de vigilar principalmente las fachadas de los edificios de los centros de las ciudades.  En Rosario, por ejemplo, para las marchas y manifestaciones siempre se puede notar la presencia de personas que uno puede inferir que responden a los servicios de inteligencia o al escuadrón. Otra de las cosas que quiero recordar, antes de seguir con la crónica, es la fuerte y firme llegada que tiene el escuadrón a todos los sectores del Estado y de la ciudadanía en general. En este sentido es necesario recordar su cualidad de pulpo social, y su silencio sectario.

   Este texto lo escribo a mano en el reverso de unos folletos que me dieron en la calle. Creo que dentro de poco voy a poder usar nuevamente Facebook. Me enteré que existen formas de manipular los IP de las computadoras y lograr el anonimato. No puedo decir mucho. Todavía no lo logré, pero tengo la esperanza de volver a utilizar las redes sin que eso desencadene mi inmediata localización

   Quiero aprovechar este texto para agradecerles a todas las personas que me están ayudando, y para hacerles saber que estoy en un lugar seguro y acogedor del que voy a hablar cuando la tecnología me lo permita. Por ahora sólo quiero que sepan que me encuentro bien, y que en formato papel o en formato digital continuaré la crónica hasta mi último respiro. Creo que ya ciertas cosas no puedo volver a pensarlas como antes. La Pichaçao cambió mi forma de ver el mundo. La persecución que se ejerce sobre la Pichaçao -aparentemente- en toda América Latina es muy fuerte. ¿Son sólo las manchas en las paredes lo que les molesta tanto? ¿o hay algo más?   

 

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Franco Bedetti

Franco Bedetti, nació en Casilda, Santa fe, en 1993. Se desempeña como corrector de “Saga” (revista de la escuela de Letras de la Universidad Nacional de Rosario). Publicó poemas y cuentos en El imperio de la libélula (Rosario), Literatosis (Rosario), Sonámbula (Salta), Clonazepan Libertario (Buenos Aires). Su poemario Pan obtuvo la tercera mención en el concurso municipalidad de Rosario “Felipe Alndana” (2013), al igual que su nouvelle inédita Lobotomía en el concurso de narrativa “Manuel Musto” (2014). Participó del Festival de Poesía Joven (APOA) en la edición del 2013 realizada en Buenos Aires, y en la edición del 2015 realizada en Rosario. Presentó en el “I Encuentro de Estudios Latinoamaericanos sobre Otras Literaturas” (Universidad Nacional de Rosario) una investigación sobre Baudelaire titulada: “La Potencia de la Fascinación”. En 2018 publicó su poemario “La era del fármaco” con Editorial Bunker (Rosario). Actualmente está escribiendo una novela por entregas titulada “Pichaçao”.

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