Una especie invasiva

Una corriente de data

Por qué no soy trotskista

Artículo de 2017. Los comentarios en negrita son agregados a través del tiempo.

Octubre de 2018. Dos cosas han cambiado desde que escribí este artículo. Dejé de considerar al troskismo como una fuerza a la cual apoyar (por eso cambié el título y otras cosas en el artículo), e incluso estoy dejando de considerar la izquierda como algo que me albergue, aunque no me engaño que socialmente se me asigna ese rol. Haré cambios y comentarios con esta fuente a lo que sigue, para que se vea el contraste entre el texto original y lo que pienso hoy.

Casi siempre que digo “izquierda”, en el contexto argentino, me refiero al troskismo. Primero porque pienso que, mínimo, para ser de izquierda en el siglo XXI hay que ser anticapitalista. Y en el anticapitalismo argentino, especialmente desde la conformación del Frente de Izquierda en el 2011, los partidos troskistas son quienes predominan en el escenario político-partidario de la izquierda.

Anticipo la respuesta al título. Mi apoyo al troskismo se debe a que, como proletario socialista, considero que son una alternativa defensiva de mis intereses de clase ante las fuerzas políticas de la clase capitalista. Con diputadxs de izquierda no se va a hacer ninguna revolución, pero sirve para que el bipartidismo liberal/populista no hegemonice del todo el debate político-ideológico argentino y para la asistencia a luchas reivindicativas y democráticas.

Hoy considero que el troskismo, más concretamente el FIT, es una fuerza a la que votar en las elecciones, más que por su accionar positivo, para que las otras fuerzas no dominen todo el espectro. Pero por poco más que eso. No descarto en el futuro decidir que ni siquiera vale la pena votarles, y pasar a votar en blanco o anulado antes que a ellos.

Mi apoyo al troskismo y en particular al Frente de Izquierda (electoral y hasta cierto punto en el debate contra posiciones políticas capitalistas) continuará hasta que:

  1. Considere que hay otra fuerza que representa mejor mis intereses (esto puede resultar de un cambio en la realidad externa o en mi pensamiento).
  2. Considere que el troskismo se ha vuelto reaccionario en un sentido socialista y prefiera no votar o votar en blanco/anulado antes que darle el voto.

Al día de hoy se está dando la segunda condición. La resistencia del troskismo a siquiera actualizarse (en la era del cambio climático y en la era de la revolución feminista) es más grande que los pocos cambios que ha hecho -a regañadientes y empujones. Ni hablemos de anticiparse o prever algo. Incluso la parte más “ortodoxa” del troskismo sigue sin explicar las crisis capitalistas desde la ley del valor, continúa en el esquema jacobino-leninista del imperialismo para hablar de geopolítica y es demasiado amiga del término progre “saqueo” en vez de hablar de explotación (mucho menos de plusvalía). Esta izquierda considera a la burguesía como una clase parasitaria y no como una clase “dominante y dirigente” de la sociedad, es decir, que ha moldeado la sociedad para dominar con el consentimiento de los dominados. Esta concepción de la burguesía como parásito significa concebir la lucha política en estos términos: que al actual gobierno burgués le vaya mal y que sólo yo entre mis competidores pueda capitalizar el descontento, con alguna consigna genial como “Asamblea Constituyente”… A esta izquierda no le interesa la lucha ideológica y no tiene política para el día después de una situación revolucionaria.

Dicho esto, paso a detallar más las cosas con las que coincido y las cosas que no.

Coincido con la izquierda en…

  1. vivimos en una sociedad capitalista, dividida en clases sociales forzadas a luchar entre ellas por el reparto de la riqueza social;
  2. esa riqueza social es producida con el trabajo de la clase proletaria/obrera, que es explotada por la clase burguesa/capitalista;
  3. mientras se mantenga esta estructura socio-económica, el sistema político va a responder a una minoría dominante;
  4. para cambiar este estado de cosas no basta una sucesión de reformas, se necesita una transformación revolucionaria de las relaciones sociales que sea protagonizada por la humanidad explotada;
  5. la humanidad explotada debe tener una posición política independiente de la burguesía (independencia de clase).

Todo esto me lleva a muchas e importantes coincidencias tácticas y de análisis con el troskismo. Por ejemplo, el apoyo a las luchas obreras, sea para la victoria en conflicto con una patronal o con el gobierno, en caso de ser trabajadorxs estatales. La lucha por la democracia sindical contra la burocracia sindical. Otra gran coincidencia es que tanto el liberalismo como el populismo son fuerzas del gran capital y que la clase obrera debe ser independiente de ellas y combatirlas a ambas. También en la causa de los derechos humanos y las libertades democráticas, incluyendo la lucha contra el racismo, el machismo, la xenofobia, la homofobia y la transfobia.

Pero…

Creo que, por los puntos que siguen, esta izquierda está demasiado lejos de ser una fuerza revolucionaria en sentido socialista.

Aquí diría “es imposible que sea una fuerza revolucionaria en sentido socialista”. Por lo que sigue y por lo ya agregado.

  1. Su núcleo doctrinario, el leninismo

Creado en el primer cuarto del siglo XX, el leninismo es una mezcla del marxismo socialdemócrata de la Segunda Internacional con un neo-jacobinismo adaptado a la Rusia zarista. Establece una férrea división del trabajo entre los movimientos de masas y un “partido de revolucionarios profesionales”, que se constituiría en el “intelectual colectivo” de la revolución socialista.

Tal como fue advertido al momento de su génesis por Rosa Luxemburgo y el mismo Leon Trotsky, esto llevaría a una dictadura de los intelectuales sobre el partido y una dictadura del partido sobre la población. Dicho y hecho, el bolchevismo en el poder creó un régimen burocrático de partido único que eliminó todas las instancias de autoorganización obrera y campesina e incumplió y pervirtió las promesas socialistas de emancipación que se le hicieron a las masas. Explicarlo todo por la “traición” de Stalin o por los avatares de la guerra civil como hace el troskismo es insuficiente. Como han marcado Paul Mattick y otros autores, no solo Stalin se sirvió del aparato estatal que construyeron Lenin y Trotsky, sino que hay líneas de continuidad entre bolchevismo y stalinismo en la concepción del socialismo, la relación entre partido y clase, y otras dimensiones programáticas.

Para el leninismo, igual que para la socialdemocracia a la que luego acusó de “renegada” y “traidora”, el socialismo no consiste en la asociación de los productores libres e iguales (la fórmula usada por Marx y la Primera Internacional), sino en una economía planificada en forma centralizada por el Estado (lo cual necesita a nivel político de una dominación burocrática sobre quienes producen). En cuanto a la emancipación obrera, su concepción es vanguardista: como la clase obrera “por sí sola” no pasa del mero sindicalismo, necesita del Partido para convertirse en sujeto histórico, y necesita seguir la dirección de ese Partido para liberarse del sistema capitalista y construir el socialismo.

Aquí más fuentes sobre el tema a quien le interese profundizar, pero anticipo mi conclusión: una organización socialista que siga tomando como modelo al bolchevismo solo puede ser progresiva en un contexto defensivo; en un contexto ofensivo será regresiva; en un contexto revolucionario, reaccionaria.

2. El troskismo aporta complicaciones extras a lo anterior

Creado en el segundo cuarto del siglo XX por el bolchevique León Trotsky, el troskismo es básicamente una adaptación del bolchevismo-leninismo a la estrategia que Trotsky ideó para ganar la dirección de los movimientos de masas de su época.

De la lectura de El programa de Transición (1938) y otros textos del troskismo se entiende:

  1. que el capitalismo estaba en su crisis final y era incapaz de desarrollar las fuerzas productivas (jua jua);
  2. que las masas ya eran revolucionarias pero tenían como dirigentes a reformistas y traidores;
  3. que la tarea principal de los revolucionarios (o sea, la IV Internacional) era ganar esa dirección de las masas;
  4. que la herramienta principal para ganar esa dirección eran las consignas “de transición”, que no eran directamente socialistas pero sí eran imposibles de lograr bajo el capitalismo (por ejemplo, reparto de las horas de trabajo para terminar con la desocupación);
  5. que si se encontraba la consigna transicional correcta que “prendiera” en las masas éstas se iban a chocar contra la pared al querer realizarla y ahí se iban a dar cuenta que hay que luchar por el socialismo y reconocerían a la IV Internacional como su dirección revolucionaria.

Este modelo estratégico, además de estar basado en premisas falsas, demostró una y otra vez su fracaso en llevar a las corrientes troskistas a ganar la dirección de movimientos de masas (mucho menos liderar una revolución social).

Esta metodología de construcción política ha llevado a estas corrientes al luchismo, informando a la militancia socialista con una moralina similar a la de la cultura del trabajo burguesa, donde lo principal que tiene que hacer un/a militante es absorber la línea partidaria y “poner el cuerpo” ejecutándola. Esto va unido al desprecio de la producción de teoría en general, y una férrea división del trabajo donde quienes piensan son los dirigentes, no las bases. De esa manera también se abandona uno de los tres frentes de la lucha socialista: el frente ideológico; hacer propaganda socialista se considera “propagandismo abstracto”; lo principal es agitar las consignas para movilizar a las masas y, a las bases y periferia partidaria, convencerlas permanentemente de lo correcto de la línea partidaria (especialmente en competencia con otros grupos troskistas).

Fuente principal de este apartado: la Crítica del Programa de Transición hecha por Rolando Astarita.

3. La resistencia a la actualización teórica

Este punto en cierta medida explica los dos anteriores. La retórica del leninismo incluye la condena al acto de revisar las propias ideas y contrastarlas con un mundo que ha cambiado desde su génesis. Tal acto de libre pensamiento es llamado peyorativamente “revisionismo”.

Dependiendo de la revolución que se tome como ejemplo (las corrientes troskista y stalinista toman la revolución rusa, la maoísta a la revolución china, la guevarista a la revolución cubana…), la línea de cada partido consiste en una adaptación más o menos bien hecha al propio país de la teoría de aquella revolución exitosa que se quiere emular.

Esta manera de pensar es dogmática y constituye una completa ruptura con el método científico social que ideó Marx, que consiste en empezar desde el análisis científico de la realidad en que se vive, pues eso es lo que dará el punto de partida práctico a la praxis revolucionaria, así como información estratégica fundamental sobre los sectores de la población que pueden abrazar el socialismo, quienes pueden ser aliados circunstanciales, y quienes los enemigos irreconciliables. Cuando esto no se hace (y hasta Lenin lo hizo para Rusia), de marxista solo queda la fraseología.

Por este carácter dogmático y no científico que pesa en la cultura teórica de izquierda en general y que el troskismo comparte, ha existido y existe una enorme resistencia para incorporar al programa de las organizaciones las cuestiones de género (algunos partidos troskistas ni siquiera se declaran feministas), las cuestiones de la diversidad (a las que ven como divisionistas, posmodernas), la cuestión ecológica (que solo registran superficialmente, si es que la registran), y otras cuestiones que afectan al proletariado tanto en su vida cotidiana (deshumanización, alienación) como en su capacidad de lucha contra el capital (fragmentación, atomización, hegemonía cultural burguesa).

4. Se prioriza el crecimiento del propio aparato sobre el desarrollo de la conciencia revolucionaria

Consecuencia inevitable de la construcción política leninista: si cada grupo se cree EL partido revolucionario (o una variación más “humilde”: el núcleo del futuro partido revolucionario) entonces identificará su propia hegemonía con el desarrollo revolucionario de la clase y por lo tanto con la revolución.

Esto explica la guerra fratricida entre los distintos grupos de izquierda. La disposición a enfrentarse por una coma y no valorar todos los párrafos que se tienen en común, a reflotar un historial de peleas y ponerlo por delante de la necesidad de unidad en la acción en el presente, a las peores maniobras de aparato para “ganarle militantes” a otro partido incluso si es costa de un movimiento de lucha… Este es el secreto a voces de la izquierda, lo que siempre se acusa al otro de hacer pero no se admite haberlo hecho uno mismo. Y cada partido ha desarrollado una mitología propia donde todas sus acciones cuestionables son justificadas por el folklore de “la lucha de tendencias dentro de la vanguardia” y las acciones cuestionables del otro sí son juzgadas como sectarias y divisionistas.

Esta maraña de miseria humana solo ha sido atenuada con presión desde las bases o cuando la supervivencia colectiva de las organizaciones de izquierda es amenazada. Pero mientras sigan en vigencia las 3 condiciones anteriores, esta dinámica aparato-céntrica y fratricida será intrínseca a la izquierda. Particularmente en el troskismo, que como tiene un sobre-énfasis en “ganar la dirección” aplica el principio tácito de “espacio que no se copa se rompe”. Si para un peronista no hay nada mejor que otro peronista, para un troskista no parece haber nada peor que otro troskista.

Últimas palabras: sobre el cambio climático

El cambio climático es la principal amenaza que enfrentamos en este siglo. Si el aumento de la temperatura promedio del planeta supera los 2 grados respecto a los tiempos preindustriales, estaremos enfrentando el colapso de la civilización humana, lo cual llevará al “exterminio de ambas clases beligerantes” tal como se decía en el Manifiesto Comunista, por lo tanto cerrando cualquier posibilidad revolucionaria.

Si el aumento de temperatura llega a los 4 grados o más, ya no hablamos de una ruina de la civilización sino de una extinción masiva de especies (incluyéndonos) similar a las cinco anteriores.

Debido al dogmatismo que señalé antes, la izquierda no ha integrado cabalmente esta proyección del futuro humano ni en su programa ni en su discurso. Si se menciona al cambio climático es meramente como un elemento retórico más a usar contra el capitalismo en general o un gobierno particular, y por lo tanto como una razón más para que se vote a la izquierda y se la elija como dirección para luchar. No se lo menciona como lo que es: una amenaza cada vez más cercana (en décadas, sino en años) para la supervivencia de miles de millones de personas.

Si al principio mencioné dos razones para que mi apoyo parcial al troskismo continúe, ahora puedo agregar una tercera condición para que ese apoyo se interrumpa: si para el 2020 todavía no ha incluido a la amenaza del cambio climático en un lugar central de su discurso y su estrategia.

Entramos ya en el 2019 y no hay señales de que la izquierda haya asimilado esto o lo vaya a hacer. El cambio climático sigue figurando como retórica anticapitalista general, sin mostrarse en el programa ni corporizarse en demandas inmediatas.

Comentarios (1)

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    Eduardo Jorge Rauch

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    Excelente, comparto

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