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Abya Yala por Ludwig Henriquez Ravest

Abya Yala o el retorno a la apuesta cero

“Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una

democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros

en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar.

Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que

gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían

su servidumbre.” (Aldous Huxley, Un Mundo Feliz, 1932)

 

   La Democracia, tal cual la vivimos o la percibimos actualmente, está lejos de ser la res publica, anhelada e mediada por preceptos e presupuestos filosóficos durante la Edad de Oro griega. Las intermitencias entre physis y arché en colisión frontal con el zoon politikón en Aristóteles, fueron el punto de partida para alcanzar la sociedad idealizada donde la felicidad humana seria El Ideal. Mientras tanto, si el fin de la Idealización fuese, unicamente, la sociedad sometida a la lógica de mercado, a las directrices de las grandes entidades bancarias, de las transnacionales y de espantapájaros escogidos por el voto popular es o sería, en la antesala, una sociedad condenada a su desaparecimiento y desidia. Sin embargo, antes de todo pasemos a contemplar los momentos primeros o la genealogía del mal que llevó a nuestro continente a la situación actual en términos de sociedad y relaciones en el espejo de la Historia.

   Cuando Colón decidió zarpar desde el Puerto de Palos en Génova rumbo a lo que suponía ser las denominadas Indias Occidentales, tal vez, sin él saber o quizás, a sabiendas de las intencionalidades de los Reyes Católicos, termina por anclar en nuestro continente, la Modernidad y con ella, todo un sistema-mundo mercantilista donde se afianzan nuevas subjetividades fundamentadas en el poder económico y la individualidad como objetivo a ser alcanzado. Mientras se desencadenaba el imperativo categórico de conquista, limpieza étnica, catequización y desplazamiento de los pueblos nativos de nuestra región, en Europa se desencadenaban otros holocaustos como la Conquista de Al-Ándaluz (Granada) en 1492 y la Revolución Campesina en 1524 con un saldo de más de cien mil muertos en los campos del Sacro Império Romano-Germánico y que culminó con la ejecución del teólogo de la liberación Thomas Müntzer.

   A partir de esta empresa llevada a cabo por tacaños comerciantes, usureros, ambiciosos negociantes y oportunistas eclesiásticos comienza el saqueo y la usurpación no solamente de tierras sino y además de conocimientos, proceso denominado de epistemicidio. En el caso americano el punto de partida fue la usurpación del lenguaje que se inicia con la supresión del nombre original de nuestro continente y, en el lugar, el nombre dado por los conquistadores.

   A título de referencia, muchas ciudades o pueblos les fueron embargados sus nombres oriundos de las lenguas originarias. Luego, substituidos por nombres que evocan, en la mayoría de las veces, a santos canonizados por la iglesia católica. Nuestro continente debiera o debería llamarsele de Colombia. En oposición y, al contrario de lo que los historiadores esperaban, el nombre del navegante florentino Américo Vespúcio, un obscuro personaje que trabajó al servicio del Reino de Portugal y de la Corona de Castilla, atrajo no sólo la injúria de Colón sino que la injusticia de la historia, al reconocer el Reino de Castilla a Vespucio como desbravador. Colón, llevado por su torpe codicia paga con el ostracismo y pobreza toda su iniciativa usada y abusada por los Reyes Católicos, estos que de forma astuta y, con el fin de traicionar los intentos del propio Colón de forjar la modalidad capitalista como substituto a la medievalidad feudal, siendo más tarde, expurgado y condenado al ostracismo.

   Como resultado de aquello, el Nuevo Mundo se transforma en el imaginario popular europeo, constantemente agitado y acorralado por guerras, hambres y pestes, como la Tierra Prometida, aquella que redimiría a todos los que llegasen a estas tierras de manera que se instituya religiosamente el Desarrollo y el Progreso como la síntesis final de toda esa empresa. Prueba de ello, son los datos de Ál-Andaluz, la Revolución Campesina y la Peste Bubónica. Como consecuencia, el paradigma conquistador se constituye a partir de una cosmovisión mesiánica donde todo lo que era aborigen tenía que ser sepultado para, justamente, fundar ese Nuevo Mundo y apropiarse de la esencia idealística para conceptualizarlo y, de ese modo, legitimarlo y ponerla en practica.

   Abya Yala no fue simplemente un nombre sino que la manifestación del lenguaje de los aborígenes, hoy, llamados de pueblos originarios, que redundaron en la concepción de la Madre Tierra, del Buen-Vivir y en la identidad mantenida en la esfera de lo Simbólico. De orígen Kuna, su significado traspasa las barreras de lo simplemente linguístico ya que no solamente estos pueblos oriundos de Sierra Nevada en Colombia conocían su significado que era “Tierra Madura” o “Tierra Floreciente”. Los pueblos de América Central como, igualmente, las comunidades de Pindorama (tupi-guaraníes), Tawantinsuyo (incas), Anahuac (aztecas y pueblas) sabían de la existencia de Abya Yala como denominación: “tierra fértil donde lo que se planta da frutos”. Esta jerga se transforma, siglos después, en el lema que afirmará la consecución del pensamiento liberal criollo que se forja en las sombras del mesianismo liberal ortodoxo europeo y, años más tarde, norte-americanos. Cambia de paradigmas a medida que cambia la suerte de Poder que cada nación tenga que soportar. Como contrapunto, los conquistadores europeos en la protuberancia del proceso de independencia que se dio a partir de la segunda mitad del Siglo XVIII y todo el correr del Siglo XIX dejan de ser el centro de las atenciones, volcándose para la iniciativa colonizadora que viene a cimentar las bases del Desarrollismo y el Progreso.

   Cabe señalar que expresiones como, por ejemplo, “granero del mundo” también fueron meta-relatos que catapultaron la consolidación del liberalismo económico, proceso que se destaca además de su fuerte convalidación como Filosofía de la Economía Política a partir de los fisiócratas y de las teorías de Adam Smith y David Ricardo, como referencial para la implantación del Neoliberalismo y de la política de la Doctrina Monroe, impidiendo así que los europeos vengan a re-colonizar nuestras tierras. Todo esto con un intenso apelo a la Democracia que no es sino la Democracia para pocos lo que lleva a instancias supremas la repartija de los territorios a ser domesticados por esas injerencias y la plenipotestad del hombre blanco por sobre sus súbditos que, en este caso, sería el mestizaje y la construcción de elites que estarían al servicio de, nuevamente, la Iglesia Católica y los modernos mercantilistas que llamamos de Corporaciones, que no son más que el nuevo símbolo de poder, ocultos en la trastienda, atendiendo a los lobby como actividad de influencia ostensiva con el objetivo de interferir directamente en los asuntos de Estado, en particular, del Poder Legislativo.

   Mientras tanto, el nombre de nuestro continente como Abya Yala continua siendo motor de exigencia justa ante esta macabra escalada de imposiciones y regencias que la propia Historia inscribe. Las tendencias actuales volcadas para la Escuela del Pensamiento Crítico a través de la Decolonialidad y de la Descolonización, hacen justa su participación durante el proceso de compensación historica. Si los antecedentes que la americanidad reúne como para reformular justamente esa historia robada, usurpada, espoliada no es menos justificable que a nuestro continente se le devuelva su nombre original. Con esto no se propone simplemente que con el cambio de nombre del continente esa compensación histórica esté resuelta sino que más allá de un sencillo nombre se le devuelvan a los pueblos originarios y a los mestizos y criollos su identidad como pueblo, como seres humanos, como cultura y de este modo, sean restituidas las bases con las cuales se conformaron las diferentes comunidades que hasta el día de hoy resisten a los embargos residuales que aun dicen constituirse como poder económico y cultural con todo el discurso de odio y racismo ventricular con que se empañan.

   En síntesis, si queremos que nuestras tierras, cultura e creatividad vuelvan a ser el eje que estimule la Revolución Cultural de nuestros pueblos para disipar justamente esa niebla, esa cortina con la cual nos hicieron creer que era bueno y justo para todos, siguiendo los conceptos de la Ilustración, habría que empezar de Cero. Empezar de Cero no significa empezar de la Nada, pues si la Nada es Algo, ese Algo tiene nombre: Abya Yala. Reconociendo ese modelo de comienzo estaríamos, entonces, re-comenzando, re-evolucionando, o sea, retomando los lazos perdidos cósmicos, el punto de partida para efectuar el cambio de paradigma tan anhelado por los pueblos con conciencia social e histórica.

   Los tiempos actuales urge esta necesidad para que de una vez por todas se termine el sofocamiento, la angustia, el sufrimiento, la neurosis colectiva, el pillaje a que los hombres del Poder político-económico Occidental y Cristiano nos llevaron con sus teorías necrofílicas que desembocaron en la actual crisis de valores y ética. Sólo con esa medida ya estaríamos colocando en jaque todas la falsa moralidad con la cual se constituyeron la Conquista y la República, conceptos usurpados del helenismo y puestos invertidamente en practica en Abya Yala como, también, en lo que hoy se le denomina naciones o continentes sub-desarrollados, ese sub que siempre quiere decir, abajo de…, inferior a…, burocratizando la sociedad, bajando el auto-estima de los pueblos, nutriendo la falta de compasión y recíproca entre los seres humanos.

   Sólo así podemos constituirnos como pueblos, como cultura y como humanidad: esta es la reivindicación primera para modificar culturalmente nuestro pueblo.

Ludwig Henriquez Ravest

Escritor, Traductor y Activista

Porto Alegre, Brasil, otoño de 2019