Tag: literatura

Cometa

El hilo se corta y el barrilete da unos giros atemporales. El tiempo avanza o retrocede en caída libre y tengo los ojos hinchados. Yo quería que ese barrilete cayera en mi patio sobre las ramas de la higuera y que fuera muy difícil recuperarlo para que el olvido también sea difícil. Te acordás milonguita Read More

El tren dobla

El cuento que más recuerdo de Pablo Gavazza es “El auto fracasa”, creo que era una metáfora de la impotencia. Pero si me preguntás puntualmente el argumento te invento que se trataba de un auto que no arrancaba ni a palos. También creo recordar que el auto era como esos cascarudos negros, ¿un Buick? ¿un Ford? del año ’40. No quisiera que él me desmintiera o desmintiese. Si lo llegás a ver, preguntale, debe estar editado en algún lado, si no, capaz que lo tenga. Imaginate que lo escribió en los ’80 cuando todos éramos pendejos.

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La casa – por Nacho Llanes

Fotografía: Camila Comi

“Y bajo cada retazo, anda la muerte escondida”

La muerte. José Carbajal “El Sabalero”

La noche comenzaba a cernirse sobre la ciudad. Sobre el horizonte se adivinaba el contorno de unas nubes que cargaban una de esas tormentas de verano que llegan sin mucho aviso y descargan toda su furia durante apenas unos minutos, trayendo un alivio temporal al calor agobiante.

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Un tunel verde por Gisel Zingoni

Lo único que recuerdo previo al parque es que pensé que debíamos ir antes de las dos de la tarde. En vacaciones de invierno después de esa hora se llena de gente. Más con un día así: de sol y temperatura primaveral.

Emma va en el triciclo que le regalaron los abuelos para su último cumpleaños. Se detiene ante unas hojas caídas de algún árbol, levanta dos y las pone en el canasto trasero. Estoy a punto de decirle que no toque nada del piso, pero me rindo ante la imagen de futuro que me inspira mi hija entrando al túnel verde de árboles por el que se filtran algunos rayos de sol. Yo voy detrás de ella, a unos metros de distancia. La gente que corre o camina la esquiva; algunos le sonríen con ternura. Es linda mi hija: sus rulos rubios, sus ojos enormes observándolo todo y la audacia de su pequeño cuerpo de tres años.

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8M

Fotografía: Candela Maldonado

Hoy, ocho de marzo, se conmemora un nuevo Día Internacional de la mujer. El primer ocho de marzo se proclamó en 1910 en Copenhague, Dinamarca, en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, a partir de la propuesta de Clara Zetkin, luchadora por los derechos de la mujer dentro del Partido Socialdemócrata y luego Comunista de Alemania. En esos días, las mujeres demandaban el sufragio universal, acceso a la educación, mismas condiciones laborales y otros reclamos que, por ejemplo, si leemos la primera tesis doctoral de Argentina, “El movimiento feminista” escrita por Elvira López en 1901, siguen siendo actuales, siguen estando en nuestras banderas.  Hemos alcanzado algunos derechos pero estamos lejos de la igualdad. En lo que va del 2019 (67 días) hubo 43 femicidios solamente en Argentina; las mujeres seguimos siendo las más perjudicadas ante las crisis económicas; el trabajo reproductivo y de cuidado está lejos de ser equitativo entre los géneros y más lejos aún de ser remunerado; seguimos siendo minoría en los ámbitos públicos (política, cultura, medios de comunicación, mercado laboral formal). Por eso la lucha sigue, por eso este 8 de marzo todas las mujeres, lesbianas, travestis y trans marchamos, por eso este 8 de marzo en un contexto de profunda crisis económica, en la que las centrales obreras dirigidas por varones no actúan a favor de lxs trabajadorxs, somos nosotras las que por tercer año consecutivo ponemos el cuerpo y paramos.

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Madrigal (segunda parte)

Un mes después, el verdadero misterio seguía ahí: ¿por qué cualquier ser que había probado las cien máquinas, doscientos cortes y trescientas láminas plegables (incluso una decena de antiguos tubos de ensayo) podía, en esencia, estar vivo? Se había encerrado en su cuerpo, se había ocultado de todo (para protegerse, ¿por qué si no?), y estaba indemne, a pesar de todo, como una maldición de tiempos demasiado lejanos. Y yo estaba admirado. No podía esperar a que llegara el amanecer de cada día para correr a analizar este misterio una y otra vez. Pero el hecho de que su tejido, sus órganos y todo lo que le daba o dio vida fuera una masa de hielo que se movía en mil formas al contacto de mis utensilios, no fue lo que me causó más curiosidad; necesitaba entonces, como tal vez ahora, entender por qué una criatura tan bella se encontraba ahí, y no en otra ciudad, otra región u otro planeta.

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PICHAÇAO III

III

   Hace dos días que llegué a Santiago. Recién hoy pude constatar si habían bloqueado mi cuenta de Facebook. No lo hicieron. Siguen usando Facebook para obtener mi geolocalización. Obviamente tuve que deshacerme del celular. Posteo desde cibers o locutorios, lo cual no me resulta muy sencillo. No sólo en Argentina los cibers y los locutorios están casi extintos, en Chile también, y supongo que en toda la región y el mundo. Por suerte, acá en Santiago tengo grandes amigos que me están ayudando mucho. Sin embargo, creo que casi en ningún lugar se puede estar a salvo de las herramientas tecnológicas al servicio de la geolocalización de las personas. El escuadrón contrató dos hackers que destruyeron la computadora de Miguel y la mía, incluso lograron borrar todas las pruebas incriminatorias que yo le había pedido a Miguel que subiera. Pero dejan que use mi cuenta de Facebook para, de cierta manera, decirme: “Te vamos a atrapar cuando nosotros lo consideremos más conveniente, así que seguí usando Facebook todo lo que quieras.” Tengo que ser más rápido que ellos, moverme por Santiago con máximo sigilo. Moverme poco. No me van a atrapar. Voy a recuperar las pruebas, y voy a demostrar la existencia del escuadrón anti-pichaçao. Aunque de a momentos tenga que detener la difusión de la crónica para preservar mi seguridad, no voy a dejar de luchar nunca.

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Madrigal (primera parte)

Una criatura tiene sentimientos. Si tiene vida, claro está. Mientras quiera pisar este planeta, un ser vivo va a emocionarse o sentir algo. Mucho o poco, grande o pequeño, pero eventualmente siente. Por otro lado, yo tengo esa certeza y tengo tiempo, pero también algunas dudas: Lo que analizo ¿está vivo? Lo que manipulo ¿reaccionará como espero? Lo que suceda ¿es obra mía? (Y si lo es, ¿lo es exclusivamente?). Así es como vuelvo al tema del Tiempo; solo este me responderá. En mi vejez, me doy cuenta que es lo más cercano a un dios que todo lo rige y todo lo sabe. Y solo me queda esperar. Por lo tanto, en la hora muerta, aburrido de una existencia que ya nada ofrece, me siento e imagino que dialogo con lo que no tiene forma… Así que le doy una, la de una pared que se quiebra lentamente y deja algunas áreas abiertas, negras. Me acerco adonde veo un agujero y, a través suyo, miro de nuevo.

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Pescado frito

Tan triste como verte sonreír a través de mi jaula. Es decir, la jaula que con besos y caricias he construido para ti. Mucho tiempo pasamos dentro de ella sin separarnos, dentro de una libertad estrechamente limitada por nuestro amor. Revolcándonos de aquí para allá entre gemidos mientras hacíamos el amor con zarpazos de garras y plumas, y luego, por otra parte, extremando el romance, adivinando lo que piensa el otro.

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Uma pérola en el centro de mis piernas, una reseña

Paola Santi Kremer: geografía trazada en la poesía

La poesía de Paola Santi Kremer se concibe entre dos geografías y entre dos lenguas, al igual que la autora. De madre argentina y padre brasilero, nació y creció en Brasil hasta 2014 que comenzó a estudiar literatura argentina en nuestra ciudad. Lejos de ignorar estos dos cauces que componen su identidad, Paola los convierte en poesía. Uma pérola en el centro de mis piernas se divide en dos partes, en las que el español y el portugués se unen, se mezclan, se separan para crear esta poesía-geografía llena de velocidad y ritmo.

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